inicio de la conocida crisis del comercio con la metrópoli, motivada a la distancia por la devaluación del poder español en Europa, iniciada anteriormente, y por la ruptura del monopolio comercial que enriquecía (alimentaba) al comercio tradicional de los puertos peruanos. La crisis de la economía comercial de las ciudades afectó entonces al comercio interno y al arrieraje en manos de los curacas (¿hasta dónde?, ¿en qué medida afectó también las relaciones de los curacas con los hombres andinos?). Se inició una confluencia de intereses que fue llevando progresivamente a una nueva coyuntura histórica en que se cruzaron nuevamente los procesos andino y español-criollo (occidental), alterándose por una parte los patrones establecidos de dominación sobre la población, y entrando en crisis, de otro lado, los ingresos de las ciudades al mismo tiempo que los de los señores étnicos, comerciantes y arrieros. Paralelamente a esto, la restauración de la economía andina constituye una situación no estudiada en el siglo XVII, de la misma manera que los movimientos mesiánicos que alimentaron las rebeliones del XVIII. Cierto es que una opinión generalizada extiende la crisis demográfica hasta este último siglo, constatando en él los últimos momentos de la baja de la población, y puede anotarse que las cifras obtenidas para la población del Perú de entonces son más bajas que las del comienzo del XVII (Kubler, 1952; Cook, 1965; Vollmer, 1967). Sin embargo, esta afirmación generalizada puede ser discutible, no solo porque su mayor solidez depende en realidad de la ausencia de información censal para el siglo XVII, sino porque hay razones que llevarían a no aceptar necesariamente una contracción demográfica cuando ocurre simultáneamente una «reducción de la población tributaria más acentuada en el mismo lapso» (Sánchez-Albornoz, 1973b, p. 113). Al llamar la atención sobre la preocupación de las autoridades coloniales del último cuarto del siglo XII, sobre la constante disminución de la población, Sánchez-Albornoz recuerda la presencia del mestizaje y la fundamental existencia y situación de los forasteros que podían eludir fácilmente el tributo. El problema se centraría nuevamente en los alcances reales de los padrones de tributarios para proporcionar cifras totales de población, teniendo en consideración que si bien el perfeccionamiento inicial de los mecanismos de control de la población pudo dar los resultados anotados en el caso de Chucuito (ver el capítulo 3 de este libro), donde la población pareció crecer aun después de los tiempos toledanos, gracias a un mejor cómputo, puede entenderse también que, avanzado el 151
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