resultó, al menos temporalmente, de la desocupación minera, sin olvidar por cierto que las haciendas debieron tomar una parte de ella en su beneficio107. Desde los últimos años del siglo XVIII se originaron cambios que llevaron a una progresiva confluencia de los procesos históricos andino y occidental en el territorio peruano. En realidad, el siglo mencionado es un tiempo conflictivo para el historiador; muy poco es lo estudiado hasta ahora y mucho de lo que se conoce sobre él son generalizaciones con base débil. No se puede sostener la imagen, que se hizo común alguna vez, de que ese siglo era una suerte de pax colonial donde los beneficios de la colonización se habían dejado sentir en una paz social estabilizada al tiempo que España mantenía una política de mano suave sobre América. Mutilada en sus posesiones europeas, en conflicto permanente por la supremacía que se le escapaba a manos llenas, la metrópoli necesitaba ajustar los mecanismos coloniales para obtener mayores rendimientos, justamente en los momentos en que dichos mecanismos se debilitaban y producían menos. Al menos, teniendo en cuenta los problemas mineros del siglo XVII, las perspectivas no debieron ser halagadoras. Sin embargo, tampoco sabemos nada de lo ocurrido en la población andina de la misma época. Debe pensarse que al debilitarse las reducciones, al aflojarse de alguna manera la mita potosina, la población accedió (pudo recuperar) a nuevas tierras. ¿Hasta dónde, al romperse las reducciones, pudo mantenerse el cinturón legal de tierras que las constreñía?, ¿cuál es la importancia real que alcanzaron en el siglo XVII los forasteros excluidos del sistema tributario?, ¿qué sucedió con la tierra en manos indígenas durante ese lapso? Las preguntas deben ser muchas más, desde luego, pero es un hecho que al momento actual no puede ser respondida, ni siquiera por aproximación, ninguna. Las reformas económicas del duque de la Palata incluyeron a los forasteros y a los mestizos en las rentas de tributarios, y el pago se hizo entonces según el lugar de residencia, y ya no según el de origen. La situación difícil de la gran minería durante el XVII (casos de Potosí y Huancavelica, especialmente), debió dejar libre a mucha mano de obra andina que acudió a las haciendas, generalizándose así numerosas formas de dependencia. Modificaciones importantes en el sistema administrativo fueron previsibles aquí, ya que el conde de la Monclova, sucesor de Palata, era partidario de suprimir la mita por considerarla injusta (SánchezAlbornoz, 1973, pp. 11, 15). Finalmente, se complicó el panorama con el 150
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