acceso a los recursos agrarios y ganaderos situados en variados pisos ecológicos. Todas las demás «crisis» (la agraria del trigo en el final del siglo XII 105 , la minera, la comercial) son parciales y localizadas en zonas normalmente restringidas, e incidieron fundamentalmente en ellas en la línea de tráfico con la metrópoli mas no pueden generalizarse para el área andina, al menos en el estado actual de las investigaciones. Siempre queda la pregunta, nunca respondida en forma satisfactoria, de hasta dónde afectaron estas crisis, tan mencionadas en los medios europeos de la época y en la literatura histórica, a la población andina mayoritaria, cuya integración en el sistema económico europeo está todavía por precisarse en forma real106. Salvo el período 1780-1825, no puede hallarse una situación similar a la anterior de 1532-1560, o entre 1570 y la segunda mitad del siglo XVII, según se tome como base la invasión y sus consecuencias inmediatas o la grave crisis demográfica. La crisis triguera estuvo en buena cuenta limitada desde el momento en que no pudo afectar a la mayoría de la población, cuya alimentación no incluía el trigo en el siglo XVII. No afectó a los valles bajos serranos, que continuaron produciendo trigo a escala local o aun regional, y sí afectó seriamente la producción de los valles costeños que abastecían a las ciudades-puertos, y que dejaron de hacerlo dando apertura a la importación del trigo chileno (Febres Villarroel, 1964). No es seguro todavía que la causa principal de esta crisis triguera pudiera estar en el lento proceso de ambientación ecológica no cumplido, en la paulatina falta de agua en la costa peruana, añadida al desequilibrio pluvial causado por (o coincidente con) los terremotos de fines del siglo XII. Las conclusiones de Febres no son demasiado convincentes en este sentido, teniendo en cuenta, además, que se ocupó solamente de un territorio limitado de la costa. Pero sí es importante resaltar que es posible que el establecimiento de haciendas en la costa pudiera haber roto el siempre delicado equilibrio ecológico de la región, destruyendo los bosques de las partes altas de los valles y modificando el régimen de aguas. La caída de la producción minera de Potosí (1615), así como la crisis de Huancavelica, tuvieron sin duda una resonancia notable en una economía «oficial» y organizada para proveer al mercado monetario europeo de materia prima amonedable. Sin embargo, su influencia real en la población está por verse. En todo caso, la economía agraria y rural andina se vio tal vez beneficiada a la larga por el aumento de la mano de obra libre que 149
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