restitución de los gastos efectuados por los señores étnicos en favor de Pizarro y del rey durante la conquista y las llamadas guerras civiles de los conquistadores (Espinoza, 1971a; Murra, 1975, cap. 9). La tesis es subyugante: reclama de una parte la actitud consciente de la población contra el Cusco y a favor de los españoles; de la otra, proclama una imagen incoherente de su propia situación, desde que trata de autopresentarse al margen del estatus colonial. Se trata de un conjunto de memoriales de los señores étnicos de diferentes grupos guancas, que habitaron en el valle del Mantaro y zonas aledañas, y que fueron elevados a la administración española a partir de 1558. En ellos, los curacas solicitaban que se les reconociera las cantidades de bienes y de energía que entregaron a los conquistadores a partir de los días siguientes a la llegada de Pizarro. La primera memoria incluye los hombres y bienes que fueron entregados al propio Pizarro y a otros conquistadores, figurando al lado de los demás que los españoles ranchearon (robaron). Una serie de pedidos y pleitos con las autoridades coloniales hasta los momentos del gobierno de Toledo, permiten el análisis no solo de una información seriable de primera mano y muy temprana, sino también de un material de la mayor importancia en una perspectiva etnohistórica; dan una idea de los recursos humanos y materiales de los que era posible disponer. Simultáneamente con ello hay una información, tal vez de mayor importancia, y es que se presenta una imagen nueva en los Andes —esta vez por boca de los hombres andinos— de la forma en que estos vieron la llegada de los españoles en el siglo XVI, de cómo aceptaron su presencia, y también acerca de su actuación en vista de esta. Los guancas no habrían sido, entonces, una etnia favorable al Cusco en los momentos de la invasión, sino que intentaron aprovecharse de esta para sacudirse de la dominación cusqueña. Esta hipótesis enunciada por Espinoza en estudios anteriores (1967b), resulta más claramente presentada y ha dado origen a desarrollos más amplios (Espinoza, 1974a). Los señores étnicos andinos, sometidos por el Tahuantinsuyo, constituyeron vencidos dobles, primero por los incas y después por los españoles que vinieron con Pizarro. Esto podría explicar por qué prefirieron ayudar a los invasores de fuera del área andina para enfrentarse, en lo que tal vez presumieron una última oportunidad, al anterior dominador andino. Enfrentándose al Cusco, sin embargo, no comprometieron realmente la gratitud de los vencedores; los largos pleitos ahora publicados respecto de la zona del Mantaro así lo evidencian. Es visible que entonces, después de la invasión y por cierto 144
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx