Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

siglo XVI fue estable el predominio peninsular y criollo de las ciudades, a través de los encomenderos primero y de los corregidores después, y esto contribuyó a otorgar sin duda a la mayoría de los centros urbanos un carácter señorial. Pero no puede olvidarse tampoco la forma en que estas ciudades, fundamentalmente las costeñas, fueron adquiriendo una fisonomía burocrática y comercial, conforme se organizaba el sistema monopolista durante los dos primeros siglos coloniales (aunque este carácter no fuera similar al de las ciudades europeas), hasta la crisis de este sistema comercial en el siglo XVIII y su reemplazo. Dentro de todo este complejo proceso, el predominio de las ciudades fue haciéndose más y más evidente, conforme avanzaba el siglo XVI, y se fueron acentuando más firmemente los medios administrativos que hicieron posible el control de la población andina por la europea: el tributo, las reducciones, la mita, la evangelización. Pero la población andina hizo, de otra parte, un proceso (divergente del anterior) de supervivencia inicial y de resistencia continua aún poco estudiado. La noción de resistencia andina no abarcó solo la vía armada. En 1925 Rómulo Cúneo Vidal inauguró una interesante línea de trabajo al buscar en las crónicas los lineamientos de una resistencia andina ante la invasión española. Trabajos posteriores de diversos autores continuaron esta tendencia que alcanzó dimensiones diferentes en los últimos estudios de Espinoza (1971a) y Wachtel (1971), donde la problemática se expande, no solo en cuanto se utiliza una amplia información documental, sino en tanto se propone una secuencia entre la resistencia ofrecida por determinados grupos étnicos frente a la expansión del Tahuantinsuyo y el apoyo que los mismos prestaron a los españoles para vencerlo (Espinoza), o en cuento la resistencia va de la mano con la desestructuración social (Wachtel). Sin embargo, quedaría por ver cuándo este apoyo (¿coyuntural?, ¿oportuno?) se transformó en resistencia. Tal vez pueda entenderse mejor que el decenio largo del gobierno de Toledo pueda marcar, nuevamente y mejor que otra cosa, el cambio de actitud —de las actitudes— de los grupos étnicos frente a la invasión. Al fracasar las gestiones de los señores guancas en busca de una situación de excepción gracias —en pago de— a los «servicios» prestados a Pizarro durante su lucha con el Cusco; ¿cuál fue la actitud, en un plazo más largo, de la población guanca? En términos generales, puede afirmarse que una vez pasada la rebelión de Manco Inca, y aún después de la eliminación del foco de oposición activa que Vilcabamba representaba, la resistencia 141

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