CAPÍTULO 1. LAS FUENTES DEL XVI Y LA FORMACIÓN DEL TAHUANTINSUYO Entre las afirmaciones de Garcilaso de la Vega y las de Sarmiento de Gamboa es ostensible ya una encubierta polémica que ha durado siglos. El primero sostenía la existencia de un estado paternal y benévolo que se había creado y extendido con el beneplácito activo de la población a él sometida, hipótesis que solo una utopía renacentista podía tolerar pero que, sin embargo, no podemos excluir totalmente mientras desconozcamos las formas en que funcionaron realmente las relaciones redistributivas entre el Tahuantinsuyo y los grupos étnicos que sometió. Las crónicas insisten y la experiencia demuestra (etnología) que las relaciones (¿inter-étnicas?, ¿inter-mitades?) son también analizables a lo largo de un laborioso proceso de dar y recibir, de «alianzas», como dirían los cronistas. El segundo, Sarmiento de Gamboa, proponía una conquista violenta y rápida del territorio andino 1 . El corto lapso de duración que la arqueología confiere hoy al Tahuantinsuyo obliga a desestimar sin mayor esfuerzo la tendencia garcilacista en lo que atañe a la duración de la expansión. De otro lado, la misma arqueología no ha proporcionado todavía una secuencia utilizable que haga posible proyectar la expansión del Cusco hacia el resto del área andina, sobre una base cronológicamente más segura. La discusión inicial entre Garcilaso y Sarmiento de Gamboa se transformó en este siglo en una distinción de «escuelas» garcilacista y toledana2, con variantes, sin duda, pero con influencia evidente en la investigación desde que los criterios que separaban a los cronistas de esta manera dejaron sentir su peso en las valuaciones de los datos que las crónicas ofrecen. Dejando de lado las clasificaciones de los autores mencionados, se fue insistiendo paulatinamente en señalar primacías y relaciones entre distintos autores, ya que no solo el plagio era corriente en 13
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