Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

relaciones sincrónicas que hagan posible delinear las estructuras y su movimiento en la historia. El análisis de las relaciones de producción, por ejemplo, deberá hacerse a lo largo de una propuesta diacrónica, para poder comprenderlas en una historia que se mueve, que no es estática nunca. Finalmente, la oposición entre la ciudad administrativa y el mundo rural andino es la más amplia y constante entre un mundo que se mueve (intenta moverse) en una órbita aculturada al son occidental, jugando muchas veces a una mascarada moderna e industrial, y el mundo andino que se encuentra todavía a horcajadas entre un ámbito tradicional, con una economía «sin maquinismo» (Harroy) y una «sociedad nacional» integrada a medias, tardíamente urbanizada y semi-industrial. Hay que considerar, además, que una oposición urbano-rural carecería de sentido si se pudiera incorporar la historia peruana en un solo esquema (dominación interna y externa, lucha de clases, control político, etcétera). Es evidente que el fenómeno urbano en los Andes —más o menos acusadamente que en otros lugares de América Latina— significa no solamente repetir en parte las características de los medios urbanos europeos, sino incorporar además su carácter de canal absoluto del poder importado. No es este el momento de discutir una condición feudal, o feudal-colonial (Macera), o capitalista de la sociedad peruana entre los siglos XVI y XIX; pero sí de recordar la especificidad de los procesos políticos latinoamericanos, que otorgan un nivel (un sabor) especial a las relaciones sociales. La ciudad es algo más y algo menos que en Europa. Si carece de la capacidad productora de tecnología, por ejemplo, es siempre un canal para la introducción —imposición contra la realidad andina, cuántas veces— de categorías europeas. Sin embargo, y por contraste, la ciudad hispano-criolla solo sirvió de canal de explotación al medio rural, desde que su condición de mercado estaba limitada a la población española y a los circuitos comerciales que inauguró. La imagen de lo andino propuesta aquí no debe hacer pensar en ningún caso que se intente dejar fuera de lugar a la Amazonía. En realidad, esta ingresa a la categorización general andina en la misma medida que la costa, incorporadas todas en un mundo conquistado y dominado en tiempos diferentes por los centros de poder externos desde el siglo XVI. Solo en los últimos años se ha iniciado estudios serios sobre esta región, a pesar que desde la colonia se intentó incorporarla de hecho al mundo organizado por la conquista a la manera de vivir europea88. Se elaboró entonces y hasta ahora tiene mucha vigencia, una auténtica «mitología 133

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx