Luis E. Valcárcel, José Uriel García, Hildebrando Castro Pozo— aunque con una ineludible carga romántica, que abrió caminos transitados solitariamente por los autores mencionados. Sin duda, Mariátegui fue una excepción, porque su concepción del Perú histórico estuvo basada ya no solo en una continuidad étnica o una temática de respuesta como en el indigenismo, sino en la búsqueda no concluida de las estructuras económicas agrarias de los Andes y su modificación por la economía monetaria y exportadora de minerales que la colonia española inauguró. Diversos esfuerzos transitaron por otras rutas, en la precisión de una cronología histórica (Sebastián Lorente, Nemesio Vargas, Rubén Vargas Ugarte) que buscaron en la historia factual y generalmente urbana el despertar de una imagen del Perú; otros estudios se dirigieron al análisis historiográfico (José de la Riva Agüero) ubicándolo como puerta de ingreso al Perú entre el siglo XV y el XIX). El intento de Martínez de la Torre de hacer una interpretación marxista de una historia integral del Perú quedó limitado por razones similares, al margen de la posible discusión metodológica. Tal vez solo el libro de Jorge Basadre, La multitud, la ciudad y el campo en la historia del Perú, fue un logro notable no solo porque incorporó en su búsqueda de una «larga duración» (con una visión que reclamaba al Braudel de la década de 1940) la pregunta por las raíces andinas y su permanencia en la historia peruana, sino porque también hizo figurar inicialmente la actividad histórica de la población —a lo largo de una precisión de la multitud como personaje histórico peruano— en un largo período que escapaba a los casilleros seculares acostumbrados. Es útil precisar aquí que el esquema propuesto a continuación no es excluyente, en cuanto su realización no supone esquivar los análisis diversos que las estructuras sociales o económicas reclaman, ni mucho mejor reducir a una sola oposición simplificada (urbano-rural o, mejor, andino-occidental, en tanto administrativa también) la riqueza y la complejidad de la vida en la historia. Solo busca indicar que para estudiar la historia del Perú es fundamental establecer un sentido diacrónico (que no es meramente un «eje de referencias») que permite visualizar por un lado que la historia del Perú no puede comprenderse al margen de lo andino y sus relaciones con el mundo occidental que invade y domina lo andino y su historia desde el siglo XVI en diversas formas, variadas en el tiempo. De otra parte, intenta proporcionar la oportunidad de perfilar procesos específicos a desarrollar después, identificables en la investigación de los últimos años, lo cual reclama simultáneamente las 132
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