conocieron los cronistas y que Garci Diez de San Miguel registró minuciosamente en 1567. Otra cuestión importante es la que se relaciona con la diferencia ecológica. El mismo Ulloa informó: a la cabezada del dicho río es tierra frigidísima, donde están poblados muchos indios collaguas desta provincia, y donde, por ser tan frío, no se coge comida ninguna; suntentándose del ganado de la tierra que se cría en esta tierra en abundancia, de que tienen trato y granjería; y en esta tierra hay pastos: llámase la puna. El río abajo, que hace ya forma de valle, están poblados los demás yndios collaguas, estos cogen su comida, maíz e quínoa e papas; es tierra flaca de pocos frutos, e acude muy poca comida; y por esto son faltos de mantenimiento; y tierra rasa, estéril, de pocas aguas e ningunos árboles...mientras más abajo, siguiendo el valle hacia la mar, es más caliente y se coge comida en abundancia. Es este río el de Camaná, valle fertilísimo» (Ulloa, 1965, p. 328). El problema está planteado tanto en términos de una diferencia ecológica, como también de una doble jerarquía. Al mismo tiempo, se insiste demasiado en la pobreza de la región, aunque es posible que su «riqueza» de carácter andino no fuera bien apreciada por el corregidor (o, también, que este estuviera interesado en ocultarla), ya que de no existir no se comprendería por qué entregaron el repartimiento de Yanque a Gonzalo Pizarro en los primeros momentos de la colonización española. Sería posible que lo que aún era riqueza al momento de la invasión (cantidad de gente) hubiera entonces descendido. En términos «aimaras», si nos atenemos a los lupacas, donde las tierras altas sirven directamente al núcleo, y considerando la proposición de Troll (1958), quien relacionó la alta civilización (¿y el poder?) con los recursos de la puna, las tierras más altas de Collaguas (Yanque y Lari) podrían tener una mayor jerarquía dentro de la etnia (hanan), mientras que Cabanaconde resultaría preferida por el Tahuantinsuyo en su expansión, evidente no solo en el mito visto anteriormente, sino también en su riqueza maicera. Será imprescindible un detenido estudio arqueológico que determine los alcances de la presencia incaica en la región de Collaguas, para ver dónde puede entenderse a Cabanaconde como un área privilegiada por el Tahuantinsuyo. No deja de ser interesante el hecho mencionado, casi al paso, por Ulloa Mogollón, respecto de que los pobladores de Cabanaconde tienden a subir a la sierra, mientras que los de Yanque y Lari tienden a bajar de la puna al valle bajo. ¿Es que el Tahuantinsuyo empleó como 127
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