Martín Cari sea el mismo de Chucuito en 1567, pero es difícil no ceder a la tentación cuando constato que Juan Caquia había nacido en 1549, y que tendría aproximadamente ocho años cuando se realizó la visita de Garci Diez de San Miguel a Chucuito, y que Martín Cari, curaca de Chucuito, tendría unos treinta años. ¿También los tuvo Juan Yanque? En 1617 había, además, un Francisco Cari como mallcu en Tuti (Yanque hanansaya 1617, 339r). A fin de cuentas, ¿Cari podría ser el nombre del cargo o rango? Los resultados de los trabajos etnográficos han insistido también en la vinculación actual con las tierras altas, del Cusco al sur (Cuadros, 1973, cap. 3; Gómez, 1973) e incluso algunas narraciones de pastores relatan antiguos viajes del Apu Ausangati cusqueño hacia la zona de los collaguas, así como los orígenes del hombre y su tarea pastoril (Casaverde, 1974). La documentación hallada hasta el momento deja ver hasta qué punto la vinculación entre ambas regiones es más antigua y sólida de lo presumible. Ya en 1586 Ulloa Mogollón había llamado la atención sobre las diferencias de la población collagua, al distinguir a los hombres de las tierras altas y frías de Yanque y Lari, de los habitantes de las regiones más bajas y cálidas de Cabanaconde (Ulloa, 1965, p. 327). Mientras los primeros hablaban entonces aymara (y, según parece, siguieron hablándolo hasta tiempos mucho más recientes), los últimos hablaban quechua, aunque «muy avillanado»; anotó también la distinción entre los tocados y las deformaciones craneanas. Los de Yanque y Lari vivieron originalmente en fuertes «que llaman pucara», bajaron (¿desde la puna?) «a esta provincia y valle», usando gorros, chucos, similares a los que Cieza de León (1945, p. 256) y el padre Cobo (1956, II, p. 245) mencionaron para los aymaras de Chucuito (y de donde derivó el apelativo regional, según los cronistas). Los de Cabanaconde «fueron desde el dicho cerro de Gualca Gualca (su origen mítico) hacia la sierra e poblaron Cavana Conde» (Ulloa, 1965, p. 327). La deformación craneana suponía entre estos una forma diferente «porque, recién nacidos los niños e niñas se la atan muy recia y la hacen chata» (en vez de alargada y redonda, como en las tierras altas). Hay que mencionar aquí la situación similar que vamos conociendo en relación a los patrones de población de Chucuito, donde las últimas investigaciones de John Hyslop y Elías Mujica distinguen también, como Ulloa en Collaguas, las poblaciones preincaicas y fortificadas de las cumbres de los cerros, de los asentamientos, presumiblemente contemporáneos al Tahuantinsuyo, de las siete «cabeceras» Lupacas que 126
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