Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

Sibayo utilizan «tierras» en el mar, en Punta Coloca, cerca de Matarani, al oeste de Arequipa (Cuadros, 1973, p. 103). Incarrí aparece en Yanque con características comunes a las que tiene en otros mitos de creación (ordenación) mencionados; así sucede con su dominio sobre el agua (Arguedas, 1964, por ejemplo). En otros contextos (Lircay, en Huancavelica), Santiago es equivalente a Incarrí, y fertiliza la tierra (Pease, 1974). En Yanque también Incarrí manda ordenarse a las piedras, y esto es evidente además en otras versiones conocidas. En otra oportunidad (Pease, 1973, cap. 3), señalé que aún en la población andina actual se considera que el poder del Inca residía en mucho en su capacidad de mandar moverse a las piedras. Esto puede entenderse mejor si tenemos en cuenta que cuando los visitadores enviados por Gasca fueron a Huánuco en 1549, recibieron entre las informaciones de «lo que daban al ynga» los chupaychus: «dijeron se quedaban en el Cusco a la continua cuatrocientos indios e indias para hacer paredes y si se moría alguno daban oro [sic. (otro)]» (Mori & Malpartida, 1967, p. 306). El Tahuantinsuyo reclamaba mano de obra a los grupos étnicos y la empleaba en las construcciones, también agrarias (andenes, regadío), que permitían el abastecimiento de productos redistribuidos por el estado. No debe extrañar entonces que el Inca fuera considerado como el que tenía el poder para mover las piedras (aunque este es un atributo de los dioses ordenadores), si en un grupo étnico como el mencionado de Huánuco, que contaba entonces con aproximadamente 3000 unidades domésticas, se dedicaba 400 hombres con sus mujeres a esta tarea estatal. La cifra resulta grande, aun teniendo en cuenta la observación de que era posible de que se tratara de 200 parejas87. La memoria oral ha transformado esta capacidad constructora del Inca en la imagen de que este mandaba a las piedras que se juntaran solas en pircas y andenes. La identificación de las chacras con andenes es evidente en el valle del Colca, donde encontramos un notable conjunto de estos, utilizables sin duda, no solo para incrementar el terreno cultivable, sino para permitir el regadío y crear microclimas, manteniendo la temperatura del suelo (Isbell, 1974, p. 151). Otro aspecto importante del mito es la distribución ecológica del maíz. En el recorrido que hace Incarrí en el mito recogido en Yanque, pasa inicialmente por Callalli (3867 msnm) y Sibayo (3810 msnm) en la puna, donde «les dejaba el Incarrí tan solamente leña y ganado, porque como era tan alto no podían tener sembríos; leña y pasto mayormente les dejaba», respetando sin embargo el acceso a recursos marinos por parte de estos 120

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