la inseguridad de la información. Ella sería bastante si el aillu estuviese identificado con un territorio estrictamente delimitado y concentrado en una sola área como la reducción española. Pero, al no ser así, se plantea un nuevo problema: sabemos que el aillu, en tanto que grupo de parentesco todavía no claramente delimitado, controla tierras situadas a distintas alturas y en diferentes ecologías. La dispersión de los pobladores del aillu es, entonces, explicable en términos del control ecológico. Al poder atisbar las relaciones entre los señores y sus segundones en el caso mencionado anteriormente, apreciamos que grupos humanos limitados son incluidos en aillus de igual nombre y reducidos en diferentes pueblos. La dispersión es evidente, pero creo que no podrá ser mejor aclarado el panorama mientras no dispongamos de los protocolos de las reducciones mismas, o de una documentación equivalente que nos informe mejor acerca de los criterios de los visitadores toledanos para ubicar a pobladores que podían ser de un mismo aillu en diferentes pueblos, si bien podríamos estar más seguros de que esta situación puede muy bien derivar de una actitud defensiva de la población, que logró de esta manera mantener un mínimo de acceso a recursos diferentes. De hecho, el maíz no es el único índice para explicar el uso de ecologías distintas. Al igual que en Huánuco, los habitantes de toda la región de Collaguas tuvieron pocos lugares para obtener sal; los informes de Ulloa Mogollón nos hablan de salinas en Lluta, más abajo de los 3000 msnm, y menciona además que «Hay otras en el pueblo de Guambo, de sal blanca, que haciendo unas eras y metiendo en ellas el agua de un arroio, dejándola estar, se yela en sal muy buena y blanca; y que de aquí se provee toda esta provincia» (1965, p. 332). Se refiere, sin duda, a los andenes de lavado de sal. La información etnográfica menciona también la recolección de cochayuyo a la orilla del mar, aunque sabemos que lo hay en las lagunillas de altura. Podemos ver (Cuadros, 1973) cómo se emplean también otros recursos. Vimos antes de qué manera un señor de lo que fue después parte del repartimiento de Yanque Collaguas, tenía control sobre estos pastores, si bien tenemos todavía poca información sobre ganado. Al no hallarlo entre las «propiedades» de la gente empadronada, podríamos suponer que, aún en los momentos de la visita, existía el ganado comunal, de igual forma que entre los lupacas, ya que además en los papeles de Ulloa Mogollón podemos ver que «Tienen ganado doméstico de la tierra, de que abunda esta provincia» (Ulloa, 1965, p. 331), y «[… los tratos y granjerías 117
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