Richard Cacchione Amendola / César Corcuera García (editores) XXVI Marco Antonio Corcuera se detuvo en las cosas de aparente intrascendencia: las flores silvestres de los campos, los pájaros salvajes y las estancias olvidadas y lejanas, pero teniendo presente el Ande majestuoso, que empequeñece y sobrecoge. ¿Qué somos al fin y al cabo? Apenas orugas que se arrastran sobre el rugoso lomo de la tierra. Es en esta aureola de metafísica y misticismo, en frases de Luis Alberto Sánchez, que se desenvuelve, como un remanso en el recodo de la vida, la vena lírica y traviesa de la trova andina, llevada al verso culto usando el sonetillo octosílabo, ya que toda voz viene del pueblo y va hacia él, como sentenció Vallejo. Ahí están su Semilla en el paisaje y Los aires del alhelí. El amor a la tierra es trascendente; va más allá del simple artificio que hace crear al poeta. Todo está contemplado con minuciosidad matemática en Sendero junto al trino, donde la rima recorre las cuartetas y los tercetos en difícil contrapeso de orfebrería. El mar y sus circunstancias fue tratado, tal vez en forma que no se repita jamás, por Wilfredo Torres Ortega: El cielo, el mar y tú, El mar y sus palabras. ¿Qué hizo este divino cantor? Entregó su propio corazón a la lírica entre vaivenes de olas salobres, vuelo de pájaros marinos, gargantas de ahogados, muelles de nostálgicos adioses y territorios oníricos poblados de peces, sirenas. Convirtió en símbolo de su poesía a esa avecilla piadosa que corta con sus alas los alisios de la vida y en sus menudas huellas en la arena describe el alfabeto de las olas en letanía de inmensidades. Nunca, repito, el mar tuvo más excelso cantor. Fue tal la intensidad con su ser, con su esencia, con el alma prístina que avizora el celaje moribundo del sol, el bermellón de las nubes, que supo interpretar mar afuera la pequeñez del hombre, la orfandad de su envoltura. Wilfredo Torres Ortega, su solo nombre es ya un poema. Pareciera inserto en algún verso del Cante jondo de García Lorca como un hijo o nieto de Camborios, un gitano de pura ley.
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