Cuadernos trimestrales de poesía Tomo V

XXV EL ANDE Y EL MAR EN LOS POETAS DE CUADERNOS El Ande y el mar se encuentran presentes en los versos de los poetas fundadores de Cuadernos. Ellos se repartieron esas dos regiones del territorio lírico: Berríos y Corcuera en el Ande; Alva y Torres Ortega en el mar. Carlos Humberto Berríos, sonetista nato, hábil cantor de los lares serranos con acento patriarcal, cuyo eco rodó por las aguas del Chamaya entre las piedras preciosas de sus versos. Él hizo una dúctil armazón de las catorce líneas, templándolas como cuerdas de un instrumento antiguo, de sonoridades extrañas para oídos actuales; incurriendo, a propósito, en arcaísmos que él deseaba remover, o mejor revivir, como quien desempolva un trasto querido que antaño significó mucho para su dueño. Berríos amó la metáfora sonora de Chocano, que invade territorios epopéyicos, y la fue domando hasta convertirla en una paloma sombreándose en las riberas del sueño. Ahí están sus estampas serranas que el tiempo perenniza y trasciende al espíritu fraternal, como esos maceteros colgantes que las lianas desbordan para enredarse en los hierros de las ventanas. ¿Todavía vive Bécquer y acciona sus pupilas? Se diría que está fuera del tiempo, que su transmutación salta varias etapas, para arrojarlo en un mundo irreconciliable, materialista y ajeno a lo espiritual. ¿Bajo qué signo nació este hombre extraño y, a la vez, común y familiar, que para algunos resulta de otra época? ¿Qué ángel guió sus pasos por el sendero que hubo de transitar? No lo sé. Heredero de la bohemia de su tiempo y bebedor de las lágrimas de las parras que cantara Martínez Luján. Poeta empecinado, desnudo de ambición, sin artificios ni atavíos; «amical», como solía decir; «contertulio», decidor, artista y caballero. Ahí están sus libros: Los cactos de mi predio, Valle multicorte, Latido y rumor de fronda, Surco y simiente, y otros.

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