Cuadernos Trimestrales de Poesía - Cuadernos Semestrales de Cuento LXXXI del regionalismo y costumbrismo. Pero la influencia decisiva será la novela europea y norteamericana, con una figura tutelar: James Joyce (Gutiérrez Correa, 1988: 90 y 91). En efecto, la obra de James Joyce ―Ulises, sobre todo― se convierte en un factor de primer orden en los cambios que se dieron en los escritores latinoamericanos y peruanos de los años posteriores, de manera especial en los 60. Pero no solo él, también lo fue el norteamericano William Faulkner, quien, para Mario Vargas Llosa, en lo personal, es más importante como modelo de la nueva narrativa que el primero. Los recursos técnicos de Joyce y de Faulkner ya eran conocidos en los años 40, pero es en los 60 cuando ellos son aprovechados por la nueva promoción de escritores latinoamericanos y peruanos. No olvidemos también los aportes narrativos de César Vallejo en la modernización de la literatura, primero hispanoamericana y luego universal. Si bien es cierto su poesía resultó más alta (hecho ajeno a los propósitos del autor) que su prosa, esta es de una calidad insoslayable. Sus crónicas, recogidas por Puccinelli en un libro titulado Desde Europa son un verdadero modelo de estilo periodístico. Su teatro, cuya importancia se va revelando en abundantes y novedosos estudios, no solo es revolucionario por su contenido político sino también por su propuesta estética. La narrativa de Vallejo se inscribe como fundadora de la narrativa proletaria en el Perú. Si Valdelomar incorpora a nuestra literatura la imagen de la provincia, pero la provincia arcádica, Vallejo lo hace con el tema social, la tesis política. Y eso ―aunado a la necesaria y espontánea sencillez del estilo― sería suficiente para ubicarlo en un lugar pionero de nuestra prosa. Pero hay algo más. Una lectura atenta y desapasionada de sus dramas y relatos nos revela gérmenes muy notorios de técnicas (monólogo interior, ruptura de la sintaxis, vasos comunicantes, etcétera) que ahora, después de muchos años, son utilizadas aún entre los propios detractores de la prosa vallejiana. Por supuesto, siempre sonará más «elegante» atribuir esas influencias a Faulkner o Joyce, que no a un preclaro escritor peruano como lo es nuestro bardo universal.
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