Richard Cacchione Amendola / César Corcuera García (editores) LXXX circunstancias que nos obligaron a revisar seriamente nuestras valoraciones y nuestros actos. La insurgencia provinciana de esa hora, en franca oposición al centralismo limeño, hizo que sus hombres asimilen y generen cultura rompiendo con el mito de que este campo era patrimonio exclusivo de la capital y poniendo sobre el tapete la imperiosa necesidad de generar un verdadero proyecto nacional de cultura, proyecto que nunca fue asumido por el Estado y que hubo de emprenderse ―de manera dispersa y aislada― en diferentes lugares del país. Uno de ellos, en el área de la literatura, fue Trujillo con los CTP y los CSC. La narrativa del 60 en América Latina y en el Perú Para comprender la base de creatividad que sustentó a los narradores del 60, tanto en América Latina como en el Perú, es menester remitirnos a lo sucedido entre sus congéneres de los años 50. Miguel Gutiérrez, en su libro La generación del cincuenta: un mundo dividido, dice: Con los narradores del 50 empieza una apertura hacia lo latinoamericano. Abelardo Oquendo en su «Nota preliminar» a la segunda edición de El Avaro, rememora: «La literatura era entonces, para nosotros, una isla. Eran los tiempos de nuestro descubrimiento personal de autores latinoamericanos de los que nadie hablaba en Lima todavía: Borges, Cortázar, Arreola, Paz y también Arlt, Rulfo, Onetti, hallados en librerías menos feniciamente atentas al best-seller que las de hoy». Ribeyro, en su artículo «Lima, ciudad sin novelas» revela conocimiento de Eduardo Mallea, José Lins de Rego y Juan Carlos Onetti. Asturias será uno de los componentes de la prosa de Reynoso, y Rulfo influirá en Los Ermitaños de Gálvez Ronceros, no así en Vargas Vicuña, como asevera Zavaleta, pues Nahuín se edita casi de manera simultánea que El llano en llamas; pero ya en fecha tan temprana como 1950 […] en el hermoso libro de José Durand Ocaso de sirenas, esplendor de manatíes, se nota la presencia de Alfonso Reyes, la presencia de Borges, la presencia de Carpentier […]. En suma, la nueva narrativa latinoamericana, que ya existía mucho antes que el denominado boom, pese a la incomunicación cultural reinante por entonces entre nuestros países, y aunque de manera limitada, influye en los narradores del 50, sobre todo como terapia del lenguaje contra los últimos remanentes
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