Cuadernos trimestrales de poesía Tomo I

Richard Cacchione Amendola / César Corcuera García (editores) XLII En los años 50, MAC comenzó a publicar la segunda versión de la revista literaria Cuadernos Trimestrales de Poesía, la primera revista completamente de poesía y destinada a poetas y lectores de todo el planeta. No dejó nunca de hacerla. Cada tres meses el portentoso poeta mostraba que era también impetuoso editor y reunía composiciones de amigos suyos situados en uno y otro lado del mundo de habla castellana. Con ocasión del décimo aniversario de su publicación, nace un concurso llamado “El Poeta Joven del Perú”, y los primeros en ganarlo fueron dos jóvenes que con el tiempo alcanzarían inmortal reconocimiento. Se trata de César Calvo y Javier Heraud. No se quedó satisfecho este desbordante agitador de la poesía. Su propia obra es una límpida cantera cuya sencillez invita a leerlo y a recordarlo, así como escribir y a vivir como él, en olor de poesía, como él mismo lo diría: con el corazón tendido como una baraja. Años más tarde fundaría Cuadernos Semestrales de Cuento, un reducto virtual de quienes nos dedicamos a la tarea de escribir bellas mentiras o mentiras, que de tan bellas terminan por convertirse en verdad. La última década del siglo veinte, visité al poeta en su casa todas las veces que llegué al Perú y siempre leíamos juntos el mismo libro, una antología de sonetos hispanoamericanos. Fanáticos como éramos ambos del soneto, siempre coincidimos en que el castellano es la lengua más pura del mundo porque solo con ella se puede remontar tanta altura y convertir el idioma en una lengua del cielo. En esas visitas al poeta, me contó el recuerdo de Margot Ariza. ¿Quién era ella? La historia es tan larga como ellos. Era una joven colombiana que le escribió desde los dieciocho hasta los veintidós años y a quien él dedicaba pertinaces y casi cotidianos sonetos. Margot procedía de una familia de artistas y hombres públicos muy importantes y sus cartas daban una información cabal sobre la vida política de Colombia en esos años. Era tal la relación entre ellos que Margot le solicitaba permiso para ir a una fiesta, y la verdad es que nunca se vieron durante ese tiempo.

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