Sara Beatriz Guardia 73 quitárselos si no se reunían con su mujer, o fijando fianzas de 2,000 pesos de oro a los casados que venían solos. Fenómeno social que indica que también la conquista y colonización repercutieron en la sociedad española. Al originar una dislocación familiar un número considerable de mujeres se vieron obligadas a convertirse en jefes de familia, algo inusual en la España de la época30. Según libros notariales desde fines de la década de 1590 la forma de unión más común durante el Virreynato fue el concubinato31, lo que significó una forma de opresión socioeconómica, étnica y de género, puesto que "en el amancebamiento, la regla general era que el hombre pertenecía siempre a una casta o a una capa social más elevada que de la mujer"32. La mujer no sólo fue utilizada sexualmente sino que a los hijos que nacían de estas uniones se les consideraba "ilegítimos", y no podían ingresar a ningún colegio, ni ocupar cargos importantes, ni casarse con quien quisieran. El mayor índice de mortalidad materna fue ocasionado por prácticas abortivas, no obstante que el aborto estaba prohibido por disposición de Sixto V y Gregorio XIV, y que según el Concilio de Iliberi se negaba a la madre y a sus "cómplices" la absolución en artículo de muerte. El abandono de los recién nacidos también fue un acto "comprensible". Incluso los tratadistas de la época lo llegaron a considerar como un derecho innegable en determinadas circunstancias. José Méndez Lachica, abogado de la Audiencia de Lima, sostuvo en 1802, que "los casados, personas de honor o de extraño fuero podían legítimamente abandonar a sus hijos si los amenazaba la infamia o la pena máxima de muerte”33. La presencia hispana marcó la construcción de colonias españolas en las que se impuso religión, idioma, costumbres, economía y cultura en un proceso de transformación y transculturación. La creación de ciudades ignorando las culturas primigenias, tuvo como acto fundacional afianzar el poder de los conquistadores en desmedro de la población indígena. No obstante, los vencidos conservaron sus creencias a ultranza en un período de explotación que repercutió profundamente en nuestra historia y en la construcción de una identidad nacional. La explotación llegó al grado que la Corona se vio obligada a reglamentar una serie de medidas para detener la acción de los Corregidores, crueles ejecutores de un implacable sistema de sujeción. Segú n un documento titulado “Presentación de la ciudad del Cusco. Sobre excesos de corregidores y curas”34, el abuso cometido por los españoles contra los indios era de tal envergadura que el informante hispano no vacila en decirle al Rey que: “será preciso apartar la cordura para referirle con claridad que haga ver con cuá nta 30 Ob. Cit. Serra Santana, 1986, p. 32. 31 Peter Burkett. "Las mujeres indígenas y la sociedad blanca: El caso del Perú del siglo XVI”, 1985, p. 142. 32 Alberto Flores Galindo. Aristocracia y Plebe, 1984. 33 Pablo. Macera. Sexo y Coloniaje. Trabajos de Historia, 1977, p. 316. 34 Rebelión de Tupac Amaru. Antecedentes. Colección Documental de la Independencia del Perú. CDIP. Lima: Tomo. II. Volumen 1°, 1971.
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