Congresos iniciales de la escritura y crítica feminista latinoamericana: Hitos y postulados preliminares 568 De este intercambio se puede deducir que existe un amplio consenso sobre la relevancia de incluir los factores sociológicos e históricos en el enfoque crítico. En su búsqueda por determinar la voz femenina, la discusión analítica ha propuesto varias estrategias discursivas. El “Manifiesto Estético” de Lucía Guerra se rebela contra la subordinación femenina, contra la imagen del ‘ángel del hogar’ y exhorta a articular la otra cara de la realidad, las zonas silenciadas de la feminidad. Rechaza las imágenes arquetípicas de la mujer elaboradas bajo la mirada del hombre y propone una inversión en la enunciación, para crear una nueva representación del hombre. Sara Castro-Klarén introduce el concepto de doble negatividad de la mujer latinoamericana que sufre una doble marginalidad, por ser mujer en una sociedad patriarcal y por ser mestiza, sujeta a la discriminación racial como resultado de la ideología colonial construida sobre la inferioridad del nativo americano. El tema de la marginalidad es un elemento importante en el enfoque de las mujeres y de los textos femeninos en América Latina, como lo postulan Marta Traba, Francine Masiello, y Lucía Guerra. Como he expuesto más arriba, uno los temas cruciales debatidos en varias de las conferencias pioneras sobre la escritura de mujeres en América Latina ha sido el planteamineto de la legitimidad de aplicar los parámetros de las corrientes dominantes de las teorías literarias francesa y anglo-americana a la crítica de obras literarias latinoamericanas. La opinión generalizada expresada por Sara Castro-Klarén, de que la crítica latinoamericana debería evitar la aplicación “ciega” de teorías, muestra la voluntad de distanciarse de influencias eurocéntricas. Escritoras y críticas insisten en que la realidad de América Latina presenta condiciones sociales y culturales que requieren un enfoque independiente. Sin embargo, es importante señalar que los puntos centrales de discusión, como la especificidad de la escritura femenina y la búsqueda de un discurso que refleje la diferencia genérica, la resistencia a la dominación patriarcal y la asociación con los márgenes, además de los problemas de género, clase y raza, son también temas centrales de las teorías feministas y post-colonialistas en el “Centro.” Puede parecer paradójico que las élites académicas de Norte América hayan desempeñado un rol importante en el desarrollo de una tradición feminista latinoamericana, pero es evidente que muchos de los críticos más conocidos son latinoamericanos que viven y trabajan en universidades norteamericanas, como es el caso de Juana Alcira Arancibia, Hernán Vidal, Lucía Guerra-Cunningham, Sara Castro-Klarén, Sylvia Molloy, para mencionar sólo unos pocos. Las principales revistas de crítica latinoamericana, como la Revista Iberoamericana, Hispamérica, Alba de América, y otras colecciones importantes sobre el tema se publican en las universidades de California, Minnesota, Texas y en la Latinamerican Literary Review Press en Pittsburgh. Si bien es cierto que países como México, Argentina, y Chile producen sobresalientes publicaciones en esta área, la de Jean Franco, Debra Castillo y Amy Kaminsky que yo también menciono en mi investigación. Jones describe el debate feminista latinoamericano como una “tensión entre preocupaciones micropolíticas y macropolíticas” representadas en aspectos como: “el deseo de una teoría crítica apropriada y especifícamente latinoamericana y más ampliamente materialista, , pero también un cuestionamiento de la identidad y lo apropiado/la apropiación en este contexto.” Jones hace notar un deseo de articular una crítica libre de esencialismos, una “mayor apertura a las prácticas locales innovadoras” y una “preocupación por el otro social y material” muy diferenciada. Ver Latin American Women’s Writing. Feminist Readings in Theory and Crisis (Jones y Davies 1996, 212–213).
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