Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

“La libertad y la tiranía”: Discursos de diosas y emancipadas “hasta que la dignidad se haga costumbre”. CEMHAL 25 años. 52 Dirigir puedes el violento paso Que ya mucho a mis ansias lo retardas La Tiranía ¡Cuán vanamente –el monstruo le replica– Aquí de mi furor salvarte aguardas! ¿Qué sirve mi poder si tú rendida La cerviz no doblegas a mis plantas? Mientras respires el vital aliento En falaz apariencia abandonada. Mientras de tus doctrinas lisonjeras Hasta el último alumno no se acaba. Vacila el trono en que terrible impero, El público deseo se propaga Con que España inconstante en sus ideas Por mi exterminio fervorosa clama. Si logro, pues, que con tu muerte queden Sus dulces ilusiones disipadas, No temeré la ruina que inminente A mi poder envejecido amaga. La Libertad ¿Cómo, cruel enemiga de los hombres, –Tímida la deidad así le hablaba– Cómo… Iba a seguir cuando sus quejas Interrumpió la novelera fama. Vino del aura leve conducida Desde la isla de Bética ensalzada, Más por ser de las cortes cuna ilustre Que por todas sus célebres batallas. Al ver La Libertad, llegar La Nuncia, De heroicos hechos, de ínclitas hazañas, A escuchar las mayores, más gloriosas Su enajenado espíritu prepara. Suspende ya –le dice (La Nuncia) – de tu llanto El abundante riego, diosa amada, La España te dispone en su alegría Regias coronas, vencedoras palmas. Atónita la reina bienhechora Escuchó la dulcísima embajada, Su pileo y su vindicta al punto toma Y de Mantua a su alcázar se adelanta.

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