Elsa Leticia García Argüelles 512 más adelante. En la investigación humanística, ya sea literaria o historiográfica, las emociones constituyen una herramienta de reflexión para percibir el objeto de estudio: Un posible punto de encuentro entre ambos extremos puede pasar por considerar que el desenvolvimiento trepidante de la historiografía en los últimos años no solo ha situado a la disciplina ante nuevos retos intelectuales, también ha provocado nuevas relaciones emocionales de los historiadores con su trabajo. En la bisagra entre los dos últimos siglos, la relación de buena parte de los historiadores con su práctica profesional se vio cruzada por un sentimiento de incertidumbre claramente compartido con otras disciplinas.5 Escribir sobre mujeres conlleva a reflexionar sobre el lugar que han tenido en la Historia y en la historiografía literaria, pues en ambos han estado a la saga; no obstante, desde la segunda mitad del XX, no se puede hablar de una marginalidad. Las editoriales reciben y promueven libros que subscriben lo “femenino”, a veces con claras subversiones, y en otras, con un acento conservador y oficial, tanto en formas literarias como ideológicas. En la literatura y en la Historia se han edificado figuras célebres reconocidas, rescatadas, o mediatizadas por alguien más para ser vistas y leídas, al igual que sus imágenes y sus biografías. En las últimas décadas, se aprecia la lectura crítica de sus biografías y de sus transformaciones como sujetos históricos para humanizarlos/as y desacralizar la mitificación, ya sea negativa o positiva, en medio de estructuras de poder y del discurso patriarcal. Es importante registrar qué los gestos, las emociones, y los afectos posibilitan humanizar su experiencia, pero también pueden generar representaciones estereotipadas, tanto en lo literario como en lo histórico. En el plano de las emociones y la historia, advertimos cómo han permeado diferentes disciplinas y cómo han aportado a los estudios de la Historia y el género: La fertilidad de la nueva historia cultural y su diversidad de propuestas teóricas colaboró en el auge de nuevas vías de estudio como la historia de las mujeres, que contribuyó notablemente a poner los sentimientos en primer plano e hizo posible la introducción en la historiografía de una categoría de análisis, el género, cuyo diálogo con la historia de las emociones sigue demostrándose a día de hoy más que productivo. Así, desde principios de los años setenta, y animadas tanto por la renovación de la disciplina como por los efectos todavía cercanos de la segunda ola feminista en Estados Unidos, autoras como Natalie Zemon Davis enfocaron sus trabajos sobre la sexualidad del pasado desde una perspectiva antropológica, lo que supuso un avance determinante en la tarea de desnaturalizar las visiones esencialistas respecto al cuerpo y sus representaciones. Igualmente, las investigaciones sobre la construcción histórica de las desigualdades entre mujeres y hombres emprendidas por historiadoras como Joan Scott subrayaron la importancia que la atribución de una naturaleza sentimental diferenciada a ambos sexos había 5 Begoña Barrera y María Sierra. “Historia de las emociones: ¿qué cuentan los afectos del pasado? Historia y Memoria, Esp., Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC 2020, EneroDiciembre, p. 119.
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