Daniela Dulce Mostacero - Elizabeth Toguchi Kayo 500 Puesto que la prensa tradicional no les daba cobertura y no se sentían representadas, debido a la cosificación, sexualización y el tratamiento superficial de la problemática femenina en sus contenidos. Estos nuevos proyectos editoriales nacieron gracias al esfuerzo de mujeres que inicialmente los financiaron de forma autónoma. Sin embargo, al percatarse que no era sostenible empezaron a implementar sistemas de suscripción, buscar patrocinadores o crear espacios publicitarios para obtener financiamiento. El principal desafío de estas publicaciones fue la cuestión económica, que a menudo fue el motivo de la falta de continuidad de los números o incluso la desaparición de las mismas. A pesar de ello, muchas publicaciones lograron tener muchos años de vida, esto es también debido al entusiasmo que compartían con otras mujeres dispuestas a contribuir con sus trabajos, aunque algunas preferirán el anonimato. En agosto de 1988, las responsables y editoras de las principales revistas feministas (Mujer y Sociedad, Manuela, Viva y La Tortuga) constituyeron la Red Alternativa de Comunicadoras con el fin de crear estrategias en conjunto para: mejorar la distribución de las publicaciones y alcanzar a más mujeres, establecer relaciones con otros medios de comunicación, capacitar a sus profesionales, fomentar encuentros, entre otros. En noviembre de ese mismo año iniciaron su accionar público con la organización del I Festival de Comunicación y Cultura para la Mujer, donde discutieron sobre el papel de la mujer en los medios de comunicación, las experiencias en la comunicación alternativa y el tratamiento de la mujer en los medios de comunicación. Esencialmente, esta Red reunió e intentó fomentar el reconocimiento e inclusión de las mujeres en los medios de comunicación. La gestación y el desarrollo de una prensa alternativa feminista desde la década de los 70 fue una práctica adoptada por grupos y colectivos feministas de todas partes del mundo. La existencia de una distancia física no fue un impedimento para conocerse, forjar redes, intercambiar correspondencia y celebrar logros. Las publicaciones son testigos de estas conexiones; por ejemplo, la revista feminista estadounidense Off our backs dedicó un espacio a La Tortuga en su número 6 de 1983. De manera similar, las revistas feministas de Lima contribuyeron en la difusión de otras revistas del país y de América Latina. Publicaciones feministas limeñas: un espacio propio Acción (1978-1981) Fue un boletín del grupo feminista Alimuper elaborado por Esther Andradi, Carolina Carlessi, Simona Gatti, Nanina Petzoldt, Isabella Falco, Mérida Aliaga, Gloria Romero, entre otras; con colaboraciones de las integrantes de Alimuper. Apareció por primera vez en mayo de 1978, publicado en mimeógrafo,15 durante el periodo de elecciones para la Asamblea Constituyente. Por tal motivo, en su primer número se centró en la importancia 15 Dispositivo que permite copias artesanales de textos e imágenes de manera económica.
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