Un esbozo inicial de la historia de las publicaciones periódicas del movimiento feminista de Lima (1978-1995) 499 vigente hasta el día de hoy, al igual que el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, formado en abril de 1979. El Centro agrupó a todas las mujeres interesadas en promover y desarrollar la llamada conciencia femenina para dar frente a la opresión y al problema de la mujer. En junio de 1979 surgió Mujeres en Lucha (ML), agrupación que reivindicó las luchas feministas no solo desde el plano nacional sino también internacional y fue parte esencial para el desarrollo del proyecto editorial Mujer y Sociedad. Tambiém, en octubre de 1978 se fundó el Frente Socialista de Mujeres (FSM), sus miembros fueron militantes o simpatizantes de partidos de izquierda y mujeres con posiciones progresistas. En 1981 este grupo tuvo la iniciativa de publicar un boletín mensual Mujeres Levántate. Lamentablemente, no se ha encontrado mayores referencias sobre esta publicación. En la década de 1980, surgieron agrupaciones a partir de rupturas y se formaron nuevos grupos y colectivos feministas tanto en Lima y como en otras regiones del país. Destacan entre ellos La Otra Cara de la Luna, Talitha Cumi, el Grupo de Autoconciencia de las Lesbianas Feministas (GALF), Movimiento Hacia una Nueva Mujer (Trujillo), entre otros. Esta diversificación demandó la creación de una suerte de dirigencia y representación del movimiento, así que en 1985 surgió el Colectivo Coordinador, teniendo como objetivo planificar, comunicar, coordinar y concretar las acciones y actividades organizadas por el movimiento.12 A pesar del crecimiento del movimiento feminista, van a mantener relaciones solidarias entre sí, reuniéndose en eventos nacionales e internacionales y en los grupos de autoconciencia donde compartían vivencias. Según la historiadora Maritza Villavicencio, las integrantes de la segunda ola del movimiento feminista pertenecieron, mayormente, a la clase media intelectual. Teniendo, ocasionalmente y de forma aislada, algunos ingresos de mujeres de sectores populares y la clase obrera.13 De este modo, la experiencia universitaria y profesionalización de las feministas contribuyó, hasta cierta medida, la necesidad de consolidar las acciones del movimiento a través de la teoría. Testimonios como el de Narda Enriquez, destacan la importancia de no separar la lucha de la investigación, como el trabajo realizado por la revista Fem de México, ya que, según sus palabras «es preciso apoyarnos en datos verificados y racionales y en argumentos que no sea sólo emotivos».14 En ese sentido, procuraron organizar talleres, mesas redondas y congresos donde debatían la opresión femenina a partir de diferentes estudios. No obstante, reconocieron la necesidad de que estas investigaciones trascendieran del círculo militante y académico, y puedan perdurar en un soporte material. Las publicaciones periódicas (revistas o boletines) fueron consideradas un medio óptimo para la divulgación de estudios e ideas feministas. Sobre todo, fueron un espacio propio donde las mujeres podían exponer e informar sobre sus demandas y acciones. 12 Virginia Vargas. El aporte de la rebeldía de las mujeres, 1989, p. 110. 13 Maritza Villavicencio. «Articulación del movimiento feminista con los movimientos sociales», 1987. 14 Narda Enriquez. «Feminismo y movimiento social»,1983, p. 8.
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