Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Richard Leonardo-Loayza 441 sujeto social no autorizado para desarrollar este tipo de discursos, propios del ámbito masculino. Resulta evidente que al apelar al texto de Valdivia aseguraba el asidero histórico que los lectores le exigirían de su obra, pero, además, lograría legitimar el discurso histórico elaborado por ella, una mujer. Ahora, lo que esta autora narra no dista mucho de lo que ya contó Juan Gualberto Valdivia. Como se ha visto anteriormente, MNB añade algunos datos nuevos junto a documentos inéditos sobre los eventos que está relatando; sin embargo, la verdadera innovación consistió en darle otra interpretación a estos hechos, a la vez que condenó la actitud del caudillo de turno junto al grupo dirigencial que lo respaldó ideológica y políticamente. 3. Lelia. Escena de la toma de Arequipa (Marzo 8 de 1858) (1862) de Ernesto Noboa La crítica especializada no se ha detenido en analizar la relación que existe entre Lelia. Escena de la toma de Arequipa (Marzo 8 de 1858) (en adelante la llamaremos simplemente como Lelia) y Jorge. Le corresponde a Oscar Silva (1957) el mérito de ser el primero que indica esta conexión entre el poema de Ernesto Noboa y el libro de MNB, pero lamentablemente, si bien menciona esta, no la explica detenidamente. De otro lado, Xavier Bacacorzo, aludiendo también a esta relación, dice, en una nota a pie de página de su ensayo “Estudio bibliográfico y crítico literario”: “Estos datos los conocíamos familiarmente por nuestra vinculación consanguínea con este poeta [Noboa] y aunque hay autor que trata de este específico tema [se refiere a Oscar Silva], nosotros enmendamos algunas de sus apuntaciones” (1995, 11). Aparte de lo citado, Bacacorzo no escribe más sobre Lelia ni el nexo de esta con Jorge. Más adelante, Tito Cáceres Cuadros (2006, 217) aborda ambos libros, indicando que los dos se ocupan temáticamente sobre la revolución de 1856-1858, pero no realiza algún tipo de estudio comparativo o intertextual. Se conoce poco acerca de la vida y la obra de Ernesto Noboa (Arequipa, 1839-1873). Oscar Silva (1957, 79) manifiesta, por ejemplo, que cuando este autor tenía diecisiete años, fue testigo del heroísmo con que luchó el pueblo arequipeño en el año de 1858 en contra de los ejércitos de Castilla y San Román, lo que, seguramente, lo llevó a escribir dos textos en lo que dio cuenta de su experiencia revolucionaria: “A los valientes del batallón Inmortales” y Lelia. Ahora, Noboa no solo se dedicó a escribir poesía épica, sino que también cultivó un lirismo muy personal en poemas como “Ella”, “Mi ideal”, “Por un beso”, “A una limeña”, “Zulima” y, asimismo, un tipo de poesía trascendental: “En la muerte de una niñita”, “A…”, “Al sublime artista”, “A la temprana muerte de mi hija Elena”, “Dulzuras de la venganza”, “Estoicismo”, “Luz y tinieblas”, “A la Virgen santísima” e “Invocación”. Silva explica que Lelia es “una novelita dramática en verso, inspirada en las escenas históricas del 7 de marzo de 1856 y con lo cual se adelanta en 30 años a María Nieves y Bustamante en uno de los más exaltados capítulos de la novela arequipeña Jorge el hijo del pueblo” (1957, 79). Aunque el texto de Noboa posee algunos elementos narrativos, no se trata de una novela propiamente dicha, porque además de ser breve para recibir tal denominación, lo que predomina en el texto es la estructura de lo lírico, representada

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