Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Las chicas del cable en huelga. Feminismo peruano, Zoila Aurora Cáceres y el reclamo de las telefonistas (Lima, 1931) 418 voces de cambio a favor de ellas, lo que implicó la discusión sobre sus derechos como ciudadanas, pues deberes hacía mucho tiempo que tenían. La primera propuesta seria desde el feminismo la elaboró María Jesús Alvarado, cuando fundó en Lima el movimiento Evolución Femenina (1914). Alvarado planteaba una necesaria “toma de conciencia” de las peruanas para que lograran progresar en campos como el educativo, el laboral y su consecuente independencia económica, además del fundamental “derecho a ser electora y elegible” (Zegarra 239). Todavía faltaba mucho camino para mejorar en los puntos señalados, pero en el ámbito laboral de las dos primeras décadas del siglo XX ya habían empezado a realizarse esfuerzos por hacer escuchar sus reclamos. En 1901, se celebró en Lima el primer Congreso Obrero. Tres años después, un sector anarquista se separó de la Confederación de Artesanos y formó la Federación de Obreros Panaderos “Estrella del Perú ” y con ello se da inicio al movimiento sindical propiamente dicho (Basadre 124). En ese ambiente de reclamos laborales, una de las más emblemáticas luchas fue la emprendida por los jornaleros de Huaura y Sayán –costa central de Lima– en 1917, movilización que tuvo como escenario un mundo que vivía las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, lo que había recrudecido las condiciones de vida de los trabajadores –que ya eran duras antes del conflicto bélico–. Al respecto, Josefina del Prado señala que, si bien en el transcurso de la guerra el Perú se favoreció por las exportaciones, al finalizarla los problemas de “la carestía de vida” se agudizaron debido a la aparición de monopolios y de una corriente de importaciones que debilitaron el desarrollo de la industria nacional (213-4). Esto desencadenó, en junio de 1917, una paralización total de dieciocho días que comprometió a los jornaleros y a la cadena de distribución de productos del valle. Un grupo de mujeres se sumó a esta movilización, pues muchas de ellas eran compañeras de los huelguistas pero también vendedoras en los mercados de la zona, por lo cual hicieron suya la protesta. A diferencia de la huelga de los trabajadores textiles de Vitarte de 1914, en la que las mujeres habían sido principalmente voceras y encargadas de recaudar víveres y dinero para el sostenimiento del paro (Both 97), la intervención de ellas en el conflicto de Huara y Sayan fue más comprometida y arriesgada, pues tuvo un saldo de, por lo menos, dos mujeres muertas tras el enfrentamiento con la tropa, lo cual “representó la primera acción femenina organizada en apoyo a las luchas sindicales”5 (Carlessi 124). Mientras esto sucedía en las afueras de Lima, en la capital se producía desde inicios del siglo XX lo que Maritza Villavicencio identifica como “la vertiente urbano popular” (36). Vinculada al crecimiento industrial, la mano de obra femenina encontró posibilidades de laborar como obreras y empleadas en oficios relacionados a telégrafos, correos y telefonía. 5 Por lo significativo del hecho, se cree importante colocar el nombre de estas primeras víctimas de la lucha por los derechos de los trabajadores: Irene Salvador de Lino y Eulogia Morales.

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