Leticia Romero Chumacero 367 [Torres] de Ortiz (1841-1893), Francisca Carlota Cuéllar [y Otero Aranda] (1836-1895) y Matilde [Petra] Montoya [Lafragua] (1859-1938);30 esta última fue la primera médica mexicana. Según su prospecto, el nuevo periódico abriría las puertas a todas aquellas mujeres que desearan colaborar y, además de incluir textos sobre diversas materias, destinaría espacio para biografías de mexicanas célebres, práctica que llevaron a cabo otras revistas destinadas a lectoras, como El Álbum de la Mujer y El Periódico de las Señoras. Tanto en Violetas del Anáhuac como en el libro póstumo donde Wright recogió varias de las semblanzas (Mujeres notables mexicanas, 1910), figuró una de Murguía. La lista de panegíricos comprendió el de la poeta y dramaturga virreinal sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695) y los correspondientes a las escritoras decimonónicas Isabel [Ángela] Prieto [González Bango] de Landázuri (1833-1876), [María] Dolores [Porfiria] Guerrero [Bárcena] (1833-1858), Esther Tapia [Ortiz] de Castellanos (1842-1897), [María del] Refugio Barragán [Carrillo] de Toscano (1843-1916), Gertrudis Tenorio Zavala (18431936), Ignacia Padilla [Meléndez] de Piña (1836-1912), Fanny Natali de Testa (ca. 18301891), Dolores Correa Zapata (1853-1924) y la ya mencionada Carlota Cuéllar. Resulta de interés ese elenco, pues constituye una muestra breve pero significativa de las mujeres que habían tomado la pluma durante las décadas de 1850 y 1880 (salvo Sor Juana, claro está); sus trayectorias de vida sirvieron a Wright para ilustrar las ventajas del estudio entre las mexicanas. En reciprocidad, a Murguía le correspondió la elaboración de la biografía de Laureana Wright. En esa prosa, Mateana Murguía se propone mostrar tres dimensiones de su biografiada: “como mujer, como madre y como poetisa”.31 Para tal efecto, comienza por citar en extenso un artículo donde Miguel Bolaños Cacho expuso datos biográficos de la directora literaria de Violetas del Anáhuac.32 Después cita un juicio del guanajuatense Refugio Nicoli sobre el intelecto aventajado de la escritora. A partir de eso, Murguía elige destacar la inteligencia como el rasgo principal de Wright, con un matiz: Laureana emplea su intelecto para amparar a los desprotegidos, y lo hace, particularmente, en pos de un ideal que bien puede resumirse en la expresión decimonónica “emancipación de la mujer”. La ausencia de cualquier asomo de altivez o egolatría derivado de esa empresa, por otra parte, es demostrada al citar un poema que Dolores Mijares dedicó a Laureana, cuya respuesta –un poema también– es muestra de humildad y generosidad. Para concluir, Murguía hace una distinción: “Lejos de caracterizar el tipo de la literata que algunos escritores, tal vez con razón, han puesto en caricatura, [Wright] personifica el de 30 Registro entre corchetes los nombres y apellidos completos de las escritoras con miras a que, quien lee, pueda localizarlas con mayor facilidad en registros eclesiásticos o civiles; esto tiene importancia porque al usar un “nombre de pluma” que, si era el caso, incluía los apellidos del marido, resulta especialmente ardua la búsqueda de actas de nacimiento o muerte y las partidas de bautismo. En el mismo sentido consigno las fechas de nacimiento y muerte cuando he logrado corroborarlas en archivos, pues en internet circulan y se replican muchos datos erróneos. 31 Murguía de Aveleyra. “Laureana Wright de Kleinhans”, en Violetas del Anáhuac, p. 316. 32 Vid. Miguel Bolaños Cacho. “Laureana Wright de Kleinhans” en El Liceo Mexicano, t. III, núm. 13 (15 de abril de 1888), pp. 101-103.
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