Jorge Luis Castro Olivas 239 también están en el baúl mencionado, mandó “se los recoja donde se hallen” y se agreguen a sus bienes. Dijo también se le debían varios arriendos de su casa y mando a su albacea los cobre. El padre José (ilegible) de la orden de san Agustín, tenía en su poder una cadena de oro, un candelero y una basenica de plata que pidió prestada y no devolvió, mandando se recupere. Declaró no deber nada a nadie y nombró como su albacea y heredero universal al teniente coronel don Pedro Basaldúa. Testigos: Juan Antonio Ravines, Juan de Figueroa, quienes firmaron a ruego de la otorgante y Manuel de León. La criolla limeña, Teodora Varela era dueña de una casa, tres esclavas y otras propiedades que dejó al teniente coronel Pedro Basaldúa. Varela estaba casada con otra persona, pero deja todo lo que poseía a un oficial del ejército del rey, libertad poco usual para la época y sólo excusable tratándose de una moribunda. 15. María del Rosario Araya. Chilena, natural de Quillota. Testó el 1 de diciembre de 1825.34 Hija legítima de don Joaquín Araya y doña Inés Pacheco. Estuvo casada con don Ramón Real en cuyo matrimonio no tuvieron hijos. Declaró como sus propiedades tres fincas ubicadas en el lugar que se conocía como La Laguna “en este puerto del Callao”, cuyos títulos de propiedad se hallaban en Lima en poder de fray Justo España, maestro de los novicios Descalzos. Declaró que Antonio Ribera le era deudor de mil pesos, Juan Mayor de 50 pesos y Juan Debén de 50 pesos. El mencionado Juan Debén, tenía la intención de regresar a España y antes de hacerlo le dejó la llave de una caja que se encontraba en poder de Antonio Viera con especies para pagar sus deudas en caso muriera, cosa que efectivamente sucedió a manos de los patriotas. Mandó a su albacea recoja la caja. Declaró también poseer documentos de otros deudores. Dejó encargado a Manuela Salazar un baúl de ropa que mandó se recoja. Una beatita de nombre María Portola tenía también otro baúl con su ropa y otro con losa. Mandó se recojan. Declaró además por sus bienes todas las alhajas que había empeñado al finado Víctor Angulo entre las que se encontraban un candelabro grande de plata, una basenica de plata, un denario de oro con cuentas blancas, una trenza de pelo con sus pasadores de oro, un relicario grande de oro, dos peinetas de oro con sus perlas etc. Mandó a su albacea las recoja después de haber pagado el importe de los empeños con sus bienes. Asimismo, había empeñado a Juan de Dios Díaz, vecino de este puerto, un rosario de perlas y otras alhajas. Mandó se pague el empeño y se recuperen. Dejó en poder de su director el padre fray Justo España, una cadena y un relicario grande, dos apretadores de diamante y cuatro anillos de oro que mandó se recojan. Declaró deber a la testamentaria de Víctor Angulo la cantidad de 180 pesos por el empeño de las alhajas mencionadas, mandó se pague el empeño. Declaró también deber a Antonio Alonso 80 pesos y a José Rodulfo 25 pesos que mandó se les paguen. Nombró como albacea y único heredero al teniente coronel Pedro Basaldúa. Fueron testigos el coronel José Ramón de Idiaquez quien firmó por la otorgante, Juan Antonio Ravines y don Antonio Balienes. 34 Archivo General de la Nación. Registros del escribano José Joaquín Salazar (Folio 359.).
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