Juana Azurduy Llanos y las mujeres del ejército revolucionario 211 depositaban funciones de primer orden sino que también de ellas dependía la propia vida y el éxito de la rebelión”24. Conocemos también, entre otros los cercos de La Paz, Sorata, Oruro y La Plata, regiones todas rodeadas de montañas que facilitaban las acciones de los lugareños y todas está n reflejadas en los diarios de los cercos, “esta estrategia de lucha es que fueron reuniones multitudinarias de indígenas tanto varones como mujeres. Es precisamente allí que se evidencia que las mujeres jugaron roles que ligaron la vida cotidiana con el momento de la rebelión”25. Gregoria Apaza fue gran guerrera que administraba los bienes de los saqueos, dirigía las batallas y organizaba los campamentos26. Ambos sexos fueron perseguidos, ultrajados y ejecutados de la manera más atroz posible. Las sentencias españolas contra ellos y ellas así lo demuestran “una pena ordinaria de suplicio” como la de Gregoria Apaza: “Y que sacada del cuartel a la plaza mayor por su circunferencia, atada a la cola de un caballo con una soga de esparto al cuello, una coroza (cucurucho que se ponía por afrenta en la cabeza de los reos) de cuero y plumas y una aspa afianzada sobre un bastón de palo, en la mano, y a voz del pregonero que publique sus delitos sea conducida a la horca y se ponga pendiente de ella, hasta que naturalmente muera…”27. Todos estos movimientos fueron aplastados de una u otra manera, pero quedaron en las poblaciones las aspiraciones y los sentimientos de libertad, “se había plantado la semilla que má s tarde fructificaría con la independencia de todo el continente”28. La revolución por la independencia El día de la Virgen del Carmen, 16 de julio de 1809, estalló la revolución en La Paz liderada por Pedro Domingo Murillo, destituyeron a las autoridades españolas y nombraron representantes del pueblo, lograron hacer renunciar al intendente y el obispo y constituyeron un cabildo adicto a los insurrectos. Organizaron una Junta llamada tuitiva y tomaron medidas a su favor. Reorganizaron las tropas y milicias, fortificaron la ciudad por posibles represalias. El virrey Abascal no se hizo esperar y tomó medidas para contrarrestar lo ocurrido. Designó al General José Manuel de Goyeneche para reprimir. 24 Ibídem. Pág. 102 25 Ibídem Pág. 109 26 Marina Murillo Ari. Las “otras” mujeres de la rebelión Sisa- katarista (1781- 1782) La Paz ,2017 Pá gs. 67-93 27 Diez de Medina Francisco Tadeo. Bartolina Sisa, mujer del feroz Julián Apaza o Túpac Catari. Sentencia del Oidor, 5 de septiembre de 1782 28 Roberto Salinas, ob. Cit. Pág. 99
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx