Las mujeres en la independencia del Perú 200 Paita en 1835, y allí permaneció hasta el 23 de noviembre de 1856, cuando murió a consecuencia de una epidemia de difteria. Unas horas había fallecido Jonatás, su fiel compañera. El cadáver de la Libertadora fue incinerado a fin de evitar el contagio, y su casa, y sus pertenencias, quemadas. Reconocimiento a las mujeres Francisco de Miranda fue uno de los primeros defensores de los Derechos Cívicos de las Mujeres, y así lo expresó en una carta dirigida en 1792 a Alejandro Petión, líder de la independencia y primer presidente haitiano en 1803: “Por mi parte os recomiendo una cosa sabio legislador: las mujeres. ¿Por qué dentro de un gobierno democrático la mitad de los individuos, las mujeres, no están directas o indirectamente representadas, mientras que sí están sujetas a la misma severidad de las leyes que los hombres hacen a su gusto? ¿Por qué al menos no se les consulta acerca de las leyes que conciernen a ellas más particularmente como son las relacionadas con matrimonio, divorcio, educación de las niñas, etc.? Le confieso que todas estas cosas me parecen usurpaciones inauditas y muy dignas de consideración por parte de nuestros sabios legisladores”85. Se notaba también un cambio en el discurso de los próceres de la independencia. Convencido del rol de las mujeres en el proceso independentista, Simón Bolívar dirigió el 24 de febrero de 1820 una alocución a las matronas del Socorro, población colombiana donde en 1781-1782 el movimiento de los Comuneros se rebeló contra España contando con una significativa presencia femenina. Bolívar, sindica la heroicidad como cualidad masculina al referirse con asombro, a las “mujeres varoniles”: A las ilustres matronas del Socorro: Un pueblo que ha producido mujeres varoniles, ninguna potestad humana es capaz de subyugarlo. Vosotras, hijas del Socorro, vais a ser el escollo de vuestros opresores. Ellos, en su frenético furor, profanaron lo más sagrado, lo más inocente, lo más hermoso de nuestra especie; os hollaron. Vosotras habéis realzado vuestra dignidad endureciendo vuestro tierno corazón bajo los golpes de los crueles. Heroicas socorreñas: las madres de Esparta no preguntaban por la vida de sus hijos, sino por la victoria de su patria; las de Roma contemplaron con placer las gloriosas heridas de sus deudos; los estimulaban a alcanzar el honor de expirar en los combates. Más sublimes vosotras en vuestro generoso patriotismo, habéis empuñado la lanza; os habéis colocado en las filas y pedís morir por la patria. Madres, esposas, hermanas, ¿quién podrá seguir vuestras huellas en la carrera del heroísmo? ¿Habrá hombres 85 José María Antepara. Miranda y la Emancipación Suramericana. Caracas, 2006, p. 13.
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