Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Sara Beatriz Guardia 199 En el 2010 la Municipalidad Provincial de Huaral “le otorgó el reconocimiento como Hija Emérita de la Provincia de Huaral por su sacrificio, valentía, coraje y contribución en la lucha por la Independencia del Perú ”83. En los años previos a la independencia, Rosa Campusano tuvo que huir por haber osado cantar el Himno Nacional. Melchora Balandra sufrió castigos y persecución por ser la madre del mártir José Olaya. Otras mujeres, como Catalina Fernández de Giraldino, Narcisa Iturregui y Catalina Agueri, participaron en la gesta libertadora cumpliendo tareas difíciles y de particular cuidado. Mientras que Manuela Saéz, fue condecorada con la Orden del Sol, el 11 de enero de 1822 por el General San Martín en reconocimiento a su valor. Posteriormente, tuvo una destaca participación en la Batalla de Junín en 1824, cuando recorrió a caballo la agreste cordillera andina con Simón Bolívar. Luego prosiguió la campaña con el general Antonio José de Sucre, quien le escribe a Bolívar solicitando reconocimiento a Manuela Sáez por su valor en las Batallas de Junín y Ayacucho. “Ayacucho, Frente de Batalla, diciembre 10 de 1824. A su Excelencia El Libertador de Colombia, Simón Bolívar: Se ha destacado particularmente Doña Manuela Sáenz por su valentía; incorporándose desde el primer momento a la división de Húsares y luego a la de Vencedores, organizando y proporcionando el avituallamiento de las tropas, atendiendo a los soldados heridos, batiéndose a tiro limpio bajo los fuegos enemigos; rescatando a los heridos. La Providencia nos ha favorecido demasiadamente en estos combates. Doña Manuela merece un homenaje en particular por su conducta; por lo que ruego a Su Excelencia le otorgue el grado de Coronel del Ejército colombiano84. El 17 de diciembre de 1830, cuando Manuela Sáenz se dirigía a Santa Marta para reunirse con Simón Bolívar recibió carta de Louis Perú de Lacroix, auxiliar del general, anunciándole su muerte. Poco después se trasladó a Bogotá, enfrentando los ataques y el desprecio contra “la Sá enz”, que concluyeron el día de Corpus Christi con la quema de dos muñecos que personificaban a Manuela y a Bolívar. Posteriormente, cuando el general Francisco de Paula Santander (1792-1840) fue elegido Presidente de Colombia, el 1 de enero de 1834 firmó el decreto que la desterró definitivamente. Maxwell Hyslop, comerciante inglés amigo de Bolívar, la acogió en Kingston (Jamaica) durante un año hasta que recibió el salvoconducto que le permitía ingresar a Ecuador, otorgado por el presidente Juan José Flores. Sin embargo, en octubre de 1835, Flores perdió el poder, y Manuela Sáenz tuvo que trasladarse a Guayaquil, donde poco después fue expulsada por el gobierno de Vicente Roca-Fuerte. Entonces se dirigió al Perú, acompañada de Jonatás, y se instaló en Paita, un pequeño puerto en medio del desierto de la costa norte peruana. Tenía 38 años cuando llegó a 83 Bernardino Ramírez Bautista. Ob. Cit., Lima, 2019, p. 255. 84 Carlos Álvarez Saá. Manuela, sus diarios perdidos y otros papeles. Quito, 1994, p. 85.

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