Sara Beatriz Guardia 179 Mundo, describe las condiciones infrahumanas en las que vivían los mitayos al relatar que un mujer india se había suicidado después de ahorcar a sus hijos ante la amenaza de que los llevaran a las minas. Otro párroco, Francisco Romero, denunció que los corregidores llegaban al extremo de “hacer tejer sin descanso a las mujeres, retribuyéndolas con míseras propinas o con nada…”11. Incluso el párroco Bernardo de Cela Colmenero, sostuvo que era imposible que el rey conociera “el miserable estado en que se hallan los indios”, y consideró “oportuna la ocasión para significar el dolor con que miro las opresiones que padecen estos miserables por sus corregidores y curacas”12 Sublevaciones y resistencia Son numerosos los levantamientos que el sistema de dominación colonial produjo desde los primeros años de la conquista. La sublevación de Manco Inca en 1538, comprendió el sitio al Cusco y a Lima, y la segunda etapa principalmente de resistencia en Vilcabamba. Posteriormente en la década de 1600 estalló la violencia en las minas de Laicacota, en Puno13. Pero es a partir del siglo XVIII que las protestas se suceden de manera constante, coincidiendo con las reformas adoptadas por los monarcas de la Casa de Borbón a su llegada al poder en 1700, que tuvieron como objetivo, “devolver a España el prestigio de gran potencia perdido durante la centuria precedente. Y para el logro de esta aspiración los territorios ultramarinos hispanos jugaban un papel esencial”14. Comprendieron además medidas administrativas, también militares y defensivas ante la amenaza inglesa. En esas circunstancias, el Virreinato del Perú perdió el control de territorios con la creación del Virreinato de Nueva Granada (1739), y el Virreinato del Río de la Plata (1776). Pero continuó siendo la más importante de las posesiones coloniales de España. A fines de mayo de 1742 en los actuales departamentos de Junín y Pasco, estalló un movimiento liderado por Juan Santos Atahualpa que durante diez años fustigó a los españoles con ataques sorpresivos desde el sur andino, un área periférica a los intereses del virreinato. Se desconoce el origen de Juan Santos Atahualpa, que se decía descendiente del Inca Huayna Cápac. Nació en el Cusco, fue educado por jesuitas, hablaba castellano y quechua. Durante diez años controló un extenso territorio de la selva central reuniendo a varias comunidades ashánincas, yá nesha, y poblaciones andinas y mestizas en la zona del Gran Pajonal: Ucayali, Pasco y Junín. Según varios documentos, fue percibido como un héroe mítico y vestía una túnica propia de la amazonía15. En este período se menciona a una mujer llamada Ana de Tarma que comandó a un grupo de mujeres en contra de la corona española. Pero no existen mayores referencias suyas. 11 Ibídem, p. 16. 12 Ibídem, p. 208. 13 Norman Meiklejohn. La Iglesia y los Lupaqas de Chucuito durante la colonia. Cusco, 1988, p.32. 14 Antonio Gutiérrez Escudero. “Tú pac Amaru II, sol vencido: ¿el primer precursor de la emancipación?”. Araucaria. No.15, 2006, pp. 205-223. 15 Testimonios, Cartas y manifiestos indígeneas desde la conquista hasta comienzos del siglo XX. Caracas, 2006, pp. 234-235.
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