136 SOR MARIA IGNACIA DEL NINO JESUS y EL PADRE MANUEL SANCHO DE VALLS: UN EPISTOLARIO INTIMO Asunción Lavrin Profesora Emérita Arizona State University. Estados Unidos. La historia de la mujer en Latinoamérica se ha desplegado de modo impresionante en las últimas tres décadas puentes entre el siglo XX y el XXI. En este contexto, cobra relevancia el Centro de Estudios La Mujer en la Historia de América, fundado por Sara Beatriz Guardia, hace 25 años. A ella y a su esfuerzo va dedicado este trabajo. En la amplia gama de posibilidades para la construcción de esa memoria histórica, aquellas que se enfocan en las mujeres dentro de los claustros no es necesariamente la má s “popular” debido a que el perímetro de su cobertura es de por si, estrecho y quizá hasta “elitista.” Por otra parte, y enfocando especialmente el periodo previo a la independencia, no cabe duda que las mujeres enclaustradas dejaron huellas históricas que, por su naturaleza de ser obras escritas, permiten un acceso directo a su mundo que no es el de enlaces familiares, intereses matrimoniales o, en el peor de los casos, ejemplos de abuso personal o social. Dentro de ese mundo se crearon relaciones personales diferentes a las del mundo secular, pero que fueron humanas y amenas en cuanto a descubrir relaciones personales o sociales reveladoras de intereses propios de su forma de vida. Entre los documentos que mejor conducen a un estudio de ese mundo están las cartas de las religiosas. Las mismas tuvieron objetivos económicos, sociales, y espirituales. Las que más abundan son las relacionadas con los intereses económicos de sus instituciones. Menos frecuentes en cuanto a su supervivencia o naturaleza son a aquellas que se destinaron a personas seculares, o sus directores espirituales. A ese género pertenece el epistolario de Sor María Ignacia del Niño Jesús, religiosa profesa en el convento de Santa Clara de la ciudad de Querétaro, Nueva España y que fue dirigido al franciscano fray Manuel Sancho de Valls. Cartas que son un ejemplo singular de las relaciones personales que fue posible entablar entre los confesores y las religiosas en los cenobios americanos. La actividad confesional llevó, en casos excepcionales como el que aquí se estudia, a prolongarse a través de un intercambio de cartas que, en teoría, servirían para ampliar la dirección espiritual y aquilatar sus resultados. Desde el punto de vista de la investigación histórica, el epistolario permite acercarse a una forma de intimidad aprobada por la Iglesia que podía evolucionar a un extraordinario descubrimiento mutuo de afinidades espirituales y emocionales.1 1 Esta aproximación ha sido validada por otros estudios entre los cuales están, Asunción Lavrin, “La celda y el siglo: epístolas conventuales.” En, Mujer y cultura en la colonial Hispanoamericana, Mabel Moraña, ed. (Pittsburgh: Biblioteca de América/Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, 1996), pp. 139-59, y también, “De su puno y letra: epístolas conventuales,” en Manuel Ramos Medina, coordinador, El Monacato Femenino en el Imperio Español. Monasterios, beaterios, recogimientos y colegios, Mexico: Condumex, 1995, pp. 43-61; Kathleen Myers, “La influencia mediativa del clero en las Vidas de religiosas y monjas.” En Sor Juana y su mundo: Una mirada actual. Memorias del Congreso Internacional, coord. Carmen Beatriz López-Portillo (Mexico: Universidad del Claustro de Sor Juana/ UNESCO/Fondo de Cultura Económica, 1998, pp. 341-53; Jody Bilinkoff, Related Lives. Confessors and
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