Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
(: Larriva de Llona deslumbradoras dotes oratorias, pueda alcanzar más grandes triunfos, desplegando todos los recursos del genio y del arte y conmover y subyugar a las multi– tudes con la fascinadora magia del verbo elocuente. Y hay que tener en cuenta, que un abogado al– canza esas victorias, no derrochando su talento en las bellas, pero hasta cierto punto estéril_es ficciones de la literatura dramática, como lo hace un actor sobre las tablas de un teatro, con el solo fin de hacer gozar a los espectadores las I sublimes emociones estéticas, sino empleando ese talento en más excel– $as obras, en el vasto escenario del mundo en que todos somos inconscientes actores, en bien de sus semejantes; arrancando víctimas reales a la mise– ria, a la desho.nra y a la muerte. Sí, noble misión es, en verdad, hijo Ínío, la del sabio jurisconsulto, que la mano sobre el leal cora– zon, y la frente iluminada por los resplandores de la inteligencia, cumple siguiendo las inspiraciones do su espíritu recto y acatando las leyes ele su patria, – los deberes que ha contraído para con Dios y para con los hombres, bajo la sagrada fe del más solemne de los juramentos. . , Pero para cumplir debidamente er:;as obligacio– nes hay tantas dificultades que superar, tantos-obs– táculos que vencer, que ellos deben hacer vacilar a · todo aquel que no se sienta con un temple de alma excepcional, capaz · de resistir a todas las tentacio– nes, a todos los peligros · de cierta especie, que de continuo asedian al hombre que a las arduas y deli-– cadas tareas de defender los intereses, la honra y la existencia de los demás, dedica su propia existencia; y por muy grande que sea mi fe en la. rectitud de tus principios, y por mucha confianza que tenga en la protección de la Divina Providencia - a laque con tanto fervor pido constantemente no te aparte jamás del sendero de la vi_rtud, - fuerza me es con– fesar que temería siempre verte zozobrar en ese océa– no tan lleno de escollos. Renuncfo a pintarte mi dolor, si llegara el día en que, cediendo a indignas tentaciones, seducido - 30 -
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