Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

CARTA CUARTA Claro está que no tengo la pretensión de hablar en estas cartas de todas las carreras que a la amfü– ción legítima de un joven se presentan, cuando comienza el camino de la vida, ni es ello necesario para mis propósitos. Cada día se ensancha más la esfera de los cono– cimientos humanos; y consiguientemente se abren nuevos · horizontes por doquiera, ofreciendo ilími– tado espacio al horn bre que, con la ;rnen te clara y con ardor, firmeza y perseverancia, que son las tres virtudes primordiales en la santa religión del tra– bajo, se lanza a conquistar un puesto honroso en el palenque de la existencia; en el cual puedo asegu– rarte, que vence siempre todo aquél que armado se presenta de aquellas cualidades. Imposible sería abrazar en esta ojeada los nu– meroso"s caminos que al mismo apetecido fin pueden conducirte. Solamente es mi ánimo, lo repito, que examines los que más facilidades pueden ofrecerte, así por tus individuales aptitudes y condiciones, como por el país en que has nacido y por el medio social a que perteneces, etc., etc. Una de las profesiones que mayor atracción ejerce en la juventud ansio6a de honores, de gloria y de fortuna, es la del foro. Difícilmente, en efecto, puede hallarse otra que más ancho campo presente ul hombre para brillar en las nobles lides de la inte– ligencia; ni en la que, aquél' que está dotado de las - 29 -

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