Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

• \ XVI LA ,CASTIDAD Afirma la ciencia moderna que no hay crimina– les sino enfermos. Admitiendo tal aforismo, ias cát·• celes deberían transformarse en hospitales, y a los reos de robo, de homicidio y de otr0s hechos aún más horribles que éstos, debería compadecérseles y cu– rárseles antes que aborrecerlos y castigarlos. Verdad es que, desde muy antiguo se acostum– braba grabar en el frontispicio de .las casas de correc– ción la siguiente leyenda, profunda y piadosa, que con un a mezcla de temor y de pena, deletreaban los . ain.os al pasar por delante de los mencionados edi– fic ios : "Odia el delito y compadece al delincuente,,. , No podré deciros yo, en verdad, hijas mías, si grandemente consoladora, o por el contrario, inmen– samente triste,es aquella afirmación de los sabios cri– minalistas de nuestros días. Sólo sé que, consciente o inconsciente, y, yá obed6zca a los perversos instin– tos de su alma, o, a la anormal configuración de su cerebro, y por más esfuerzos que hagamos para ·tenerle conmiseración, conformándonos con aquel evangélico mandato, el mal vado será siempre un sér repulsivo. Inconsciente es el tigre y nos inspiran ho- -233- 30

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