Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
1 ' • L. Larriva de Llona sorprender el corazón de su marido, penetrando en él furtivamente, por las puertas falsas de la falacia y el engaño, sino de una manera franca, por la e1:– trada principal.Y recta de la verdad. Tal véz se le presentarán algunos obstáculos, pues los caminos rectms suelen ser erizados de dificultades; pero una vez dueña del campo,levantará allí su trono,sobre los cimientos duraderos del amor y de la estimación, que, más que él vale, y que a él sobrevive. Y con • qué san to brgullo se dirá a sí mismo ese hombre, y dirá a la faz del mundo: - Creo en mi mujer, como creo en los dogmas de mi religión, porque mi mujer no sabe mentir! Los padres son la imagen de Dios en la Tierra; y así como no podríamos concebir que Dios faltara a la verdad, es menester que los hijos no conciban tampo– co que puedan mentir sus padres, su madre sobre to– do. Nó, la madre n'o dehe engañar a sus hijos ni .en las cosas más insignificantes, si •quiere conservar an– 'te ellos ese santo prestigio que es la base más sólida del amor filial. Esto tiene que ser verdad porque lo ha dicho mamá. ¿No habéis oído alguna vez, hijas mías, esta be– lla y profunda frase en la boca de alguna de vuestras compa"ñeras? Bella, porque ella revela el amor inmen– so y la altísima idea que esa niña tiene de aquella a quien debe la existencia; prof unda, porque n0s de– muestra claramente que la.fe es innata en el sér hu– mano; y que así como el niño cree sin vacilar y sin discutir, aunque no las comprenda, las misteriosas v13rdades de que su mamá le habla, nosotros, pobres niños_grandes, debemos también creer, sin dudas ni discusiones, los grandes misterios que la Revelación nos enseña!
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