Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
Psicología de la mujer mente los acontecimientos creados por su desorde– nada, y a las ?eces, malévola fantasía. Por fortuna, hijas de mi alma, hay personas que son todo .lo contrario de esa. Una amiga mía, tan amiga de la verdad, que a imitación de cierta santa, se dejaría dar martirio _ antes de mentir aun en materia levísima, acostum– bra decir que, lo que más le rnpugna y la aterra al ponerse en el caso de las mujeres que faltan a sus deberes conyugales, es, aún más que el delito mismo, el considerar el abismo de falsedades en que forzo– samente tienen que caer: ¡La abyección de lamen– tira, junto a la ignominia del adulterio? ¿Cómo so– portar ese doble y horrible tormento? Y ciertamente que la Verdad es hermana geme– . la de la Castidad. A ambas debe representárseles ves– tidas con túnicas inmaculadas Y. resplandecientes. Creen muchas personas que mentir de broma o en asuntos de ·poca importancia, no puede conside– rarse como una falta; pero yo creo q-;_ie la Verdad es un·a reina muy alta y muy augusta, y que todo falta– miento a ella, por leve que sea, es una injuria que se le irroga, y debe considerarse como un delito de lesa majestad. El mentir, no más que para ocultar ciertos d@– fectíllos, o para revestirse aparentemente de determi– nadas cualidades, o p~ra hacer resaltar las que se po– seen sobre las otras mujeres, o aun para hacer reba– jar en el concepto ajeno, a aquellas a quienes se en– vidia, es una táctica femenil, que, por de pronto, sue– le producir el resultado apetecido. Con ella logran, las mujeres que· 1a emplean, ad~ptar a los ojos de slls 1naridos, uno·s lentes especiales con los cuales les ha– cen ver las cosas y las personas, no como son en rea– liQad, sino como ellas desearfan que fueran; pero llega un día en que los lentes ~e cae_n y aparece todo cual es, a la vista ,del hombre engañado. ¡Ay, enton– ces, de la n¡ujer mentirosa, pues caerá forzosamente en el desprecio de aquél a quien mantuvo en el error , que ·es lo más triste que puede acontecerle? . La mujer veraz, por el contrario, no trata de - 231-
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