Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

/ L. Larriva de Llona tibios e indiferentes, pues nacieron en el seno de la iglesia católica,· apostólica y romana, y recibieron las aguas del bautisri.1.0-si no se oponen a que en– tren en sus casas los djarios y publicaciones de toda especie contra la religión y aun contra la moral-que es una en todas las religiones y . en todas las socie– dades bien constituídas y ordenadas, - tampoco sue– len oponerse a que a sus hijos se les instruya en los sagrados preceptos, que son el fundamento de dicha r~ligión y de dicha moral. Más aún: llega a verse el contrasentido de que los mismos que preconizan en público la enseñanza laica y que hasta contribuyen a que se establezca en el país a que pertenecen, busquen un colegio no laico para sus hijos, o cuan– do no, exigen que en el hogar se les instruya en las · práctica~ religiosas. Y hombres conozco yo, que alardean del mayor indiferentismo en tales materias; pero que cuando se encuentran angustiados por uno de aquellos problemas de difícil solución, que a dia– rio se presentan en la vida, se apresuran a decir, entre broma y veras,a su devota compañera: -A ver si tú, que tienes tanto influjo con los santos, consi– gues que me hagRn este milagro; toma, aquí tienes dinero, manda decir una misa, y pónle unas velas al san to más milagroso de la Cort.ecelestial ... Esto, sin perjuicio de ir a perorar un momento después en congresos y sociedades, o siquiera en cantinas, con– tra la religión y sus ministros y contra el fanatismo de las mujeres; tópicos más o menos gastados ya en el mundo, pero que aún parecen nuevos en nuestros países, que van a retaguardia de otros, así en la es– fera de las ideas, como en la de los adelantos mate– riales. ¿Por qué esta contradicción? vuelvo a preguF1tar. Es que esas almas no , están contaminadas por com– pleto. La gangrena del ateísmo las amenaza, pero aún no ha logrado hacer presa en ellas. · En cuanto a dirigir las incipientes inteligencias de los niños por el camino del bien, no defraudemos en eso, tampoco, los deseos bien sentidos, si no bien confesados, de esos padres de faipilia, más débiles -214-

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