Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Psic_ología de la mujer de pensar; y cuando menos lo imaginó su desacor– dada amiga, la abandonó para casarse con una niña, no sólo modesta y religiosa, sino ejemplarmente de– vota; porque, "aunque los hombres no creamos en nada, es preciso que las mujeres tengan religión", decía el sujeto aquél, cuando le preguntaban la razón de cambio tan inesperado. Y asombraos,hijitas mías, hoy le veo asistir a misa muy compuestamente con su _ esposa; y aunque él dice que es sólo por acompa– ñarla y por el bien parecer, yo aorigo la fundada esperanza de verle muy pronto formar en las filas de los fervientes católicos a que pertenece su dulce compañe1'á; sobre todo cuando Hienta la necesidad de ayudar a ésta en la tarea d~ encamiqar al amado pequeñuelo, que. en breve embellecerá su hogar, por el sendero del bien. ¡Y cuántas transformaciones de esta especie no se deben al saludable influjo de una mujer piadosa y amante! Cosa corriente es, en efecto~ el oír jactarse a los hombres, en esta época en que hay más hipocresía del viéio, que hipocresía de la virtud, de que no creen en nada; pero es muy general también, oir que los mismos añaden, - como una compensación a esas ideas, de que ostensiblemente se vanaglorían y en lo íntimo de su alma se avergüenzan:- Allá para mi mujer y mis hijas la devoción. Ellas son muy buenas; rezan por ellas y por mí. - Sí: ellas rezan por vosotros; y vosotros, los des– creídos, los libre-pensadores, que lo afirmáis así, sonriendo medio irónicamente, ponéis tal vez una esperanza, una confianza, más firme que lo que que– réis aparentar, en esas oraciones de vuestras herma– nas, de vuestras esposas y ele vuestras hijas. ¡Sí: ellas rezan por vosotros y alcanzan para vosotros, ante el ,trono de Dios, todas aquellas gracias que vosotros no os atrevéis ni a pedir! No defraudemos las mujeres esa esperanza, hijas de mi ttlma. ¡No defraudemos esa confianza! Recemos, recemos mucho, recemos constantemente por los que no saben o no, quieren rezar. Estos c~tólicos - que católicos son, aunque , -213-

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