Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Psicologia de la mujer que culpables. No defraudemos nosotras, sus espe– ranzas; antes bien, cumplamos agradecidas, la her– mosa tarea que nos exigen. Enseñemos al niño la · ciencia que más puede valerle en la vida. Sembre– mos en su tierno corazón la fructífera semilla del temor de Dios, que es el principio de la Sabiduría. Los días pasarán; el niño se hará hombre; apren- 1 d.erá, tal vez, a razonar a la manera de su padre; y comenzará a dudar también, porque desgraciada– mente, junto a las buenas enseñanzas y junto a los buenos ejemplos maternales ha tenido las ense– ñanzas y los ejemplos nada edificantes del despreocu_- pado autor de sus dfas; pero no importa: la buena 5emilla arraigó, y aunque la maleza que en derredor suyo crece, trate de ahogarla, siempre se erguirá por sobre ella algún débil tallo. ¿Y quién sabe si este solo prevalecerá al fin y al cabo contra toda la mala yerba? ¿Quién sabe si a uno de esos pequeños gér– menes, se debe el que los hombres más descreídos sientan allá en el fondo de sus coociencias ese algo, que ellos mismos no pueden definir ni analizar,y qtie les impide oponerse a que se enseñe a rezar a sus hijos; ese algo que les impele a desear que esos seres inocentes y caros puestos bajo su custodia, por ese mismo Dios de quien ellos reniegan, eleven sus almi- tas hacia el Señor de todo lo creado, para glorificarlo y cantar sws alabanzas, a imitación de los ángeles del cielo, ellos que soo ángeles de la tierra? Sí, hijas mías, enseñemos a rezar a los niños, enseñémosles a respetar las cosas santas; esta es obli– gación ineludible de la mujer cristiana, en su función de madre, de maestra o de hermana mayor. Y colocándonos bajo otro punto de vista: las creencias ·cristianas son el mayor elemento de felici- · dad, para el alma femenina: no sólo de aquella felici– dad eterna que se nos promete para después de esta vida transitoria, sino de dicha en esta misma vida terrestre. Tal vez el hombre puede prescindir de esa fuente inagotable de consuelos, porque a su natura– leza menos delicada, menos espiritual, y también más 0bjeti va, si se nos permite esta frase, la satisfacen -215- .J

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