Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

L. Larriva de Llona edades, no manifiesta marcada preferencia, sí se ceba caRi exclusivamente en los hombres. Indudablemen– te el alma de la mujer es refractaria al microbio que produce tan terrible cáncer, o bien existen en ella esos otros microbios bienhechores de que nos habla la cienci8. moderna y que contrapesan o vencen la morbosa acción de aquéllos. Sea como fuere, bendi– gamos nuestra suerte en este punto. Pero si es fuerza reconocer que pocos hombres escapan a esta epidemia, hoy reinante en nuestras sociedades, también habré de confesar, que ella no los ataca con caracteres tan alarmantes por estas regiones, como en las de la vieja Europa, ,de donde todos los bienes y todos los males suelen importár– senos. La enfermedad llega aquí degenerada, como •el cólera y la peste bubónica. Cuestión de clima, tal vez. Aquí, por regfa general, los anticatólicos son pasivos y -¡cosa rara!- ningún hermano, ningún padre, ningún marido, sean cuales fue1;en sus opinio– nes, quiere qU:e su -hermana, ·su hija o su mujer, sean impías. ¿Por qué esta aparente contradicción? Tal véz porque comprenden ellos,aunque no lo confiesen, que pocas virtudes puede tener la que no posee la piedad, que viene a ser como la fuente y origen de todas las demás; como la piedra angular que sirve de base al ·edificio de. la familia. ¿Qué más? He visto el caso de una infeliz mu– chacha, y la llamo infeliz, no sólo por su desgraciada suerte, sino porque me consta que pecó más por tor– peza que por maldad, a quien cortejaba un sujeto . muy conocicto por sus ideas .avanzadas. La heroína de mi cuento, creyó que el mejor medio de conservar . el amor de su pretendi~mte y de inflamarlo máo y más cada día, era manifestarse tan impía como él; y en efecto, al poco tiempo de haber formado tal pro– pósito, le aventajaba en burlarse de cuanto tiene de . más sagrado nuestra Fe Católica. Mao ¡oh cas – tigo cruel, pero merecido! el novio que tanto gustaba de d@fender la libertad de conciencia y todas las otras libertades conocidas y por conocerse, no quería en su hogar y para mujer propia a una de tan libre modo -212-

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