Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

L. Larriva de Llana T~resa era rica y él pensó que le convenía casarse con ella. Con tal propósito cotnenzó a galan tearla. Ella, que tenía 1)0r él afecto de prima solamente, se vió asediada .por sus pretensiones y no tuvo la ener– gía necesaria para rechazarlas. Así, se encontró com– prometida sin pensarlo, en un noviazgo que, si no le repugnaba precisamente, estaba muy lejos de reali– za.r el ideal por ella soñado. Se casó, y todos sabe– mos que 'fué muy infeliz. Siempre por debilidad, no pudo Teresa oponerse a los extravías dQ su marido y le dejó dilapidar toda la fortuna que no era yá so– lament,e de ella, sino también de sus hijos. Por dicha para todos, vivió él poco; pero la falta de carácter de la pobre mujer debía de seguir produciéndole amar– guras; y sus hijos, herederos de los malm; instintos paternales, y entregados sin freno a ellos, dan hoy nuevos y más acerbos pesares a la madre que ha ca– recido de la fuerza moral necesaria para combatir esos instintos. ¡Pobre, pobre Teresa! .... Calló la prudente señira, y todos los demás asen– timos a sus razones, inclinando la cabeza. En efecto, es, por desgracia, un érror muy gene– ral llamar virtwi a lo que no es sino Ldebilidad, y debilidad punible; porque no sólo se ·puede pecar activamente, sino que también se puede pecar de una manera pasiva. No se peca únicamente haciendo, sino dejando de hacer. Y este es el modo de pecar de mu– chas de las esposas y de las madres que conozco yo y que seguramente llegaréis a con ocer v osotras;hijas mías; en el transcurso de vuestra vi.da. - ¡Qué buena es Carlota! - oiréis decir con fre– cuencia. - Sus hijos hacen de eUa lo que quieren.– No es buena, decid para vosotras, al instante: es dé– bil. - ¡Qué excelente criatura es Paulina! - oiréis afir– mar otra v&z. No es capaz de negarse a nada que se le pida. -No me séducen esas excelencias- pensad vo– sotras, cuando tal oigáis. Paulina es débil, lo cual ~s . muy diferente de ser buena. . La debilidad es a veces, también, una forma del egoísmo, pues no deja de ser cómodo aRentir a todo. Se evitan así las discusiones, las contrariedades. Los -202-

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