Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
X LA DEBIUDAD Y siguen presentándo8e ante mi mente los de- fectos femeninos. . Hablábase el otro dia en un círculo del cu&.l for– maba yo parte, de cierta señora amiga d~ la mayoria de las personas que lo componían, y todas hacían con fervor el elogio de esa dama, y, unánimemente tam– bién, se condolían de las desdichas que, con merecer– las tan poco, la afligían de continuo. Y como, a pe_sar de qµe lo vemos a diario, no podemos acostumbrarnos a que sean desgraciados los buen9s, todos nos esforzábamos por averiguar la razón de esa sinrazón de la suerte. -Es que Dios prueta siempre a sus elegidos, - dijo una de las más piadosas, entre las amigas de la señora de quien se trataba. -Sufre tanto, porque es demasiado buena;– dijo otra. - Sí, eso es, abusan todos de su bondad, - apun– tó una tercera. -Abusan; pero no de su bondad, sino de su de– bilidad, dijo otra, que no había hablado aún. Teresa es, no sólo muy buena, sino muy débil, excesiva– mente débil, -continuó, - y preciso es confesar que esto no es una cualidad sino un defecto; un defecto que yo he deplorado siempre en nuestra amiga, y del qu~ no he podido curarla ·con mis amonestaciones severas y frecuentes. E8ta es la causa pdncipal de sus desgracias. Teresa se casó más por debilidad que por amor. Su marido, persona muy poco estimable, a quien todos vosotros conocísteis, era su primo. -201- . .
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