Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
L. Larriva de Llona se dice, cuando se aplican los epítetos de fea y de negra a la Ingratitud! Uomo suele suceder con todos los vicios, a la ingrata la castiga su mismo pecado porque, como su hermana gemela la envidiosa, traga hiel y vinagre· a cada momento. Ella no conoce, no puede gozar las dulzuras inefables del agradecimiento, que es miel para·el que dá y miel para el que recibe. Por eso se me alegra el corazón cuando oigo diálogos co- mo los siguientes: _ · --¿Quién nos ha ·enviado este postre tan exqui- sito, mamá? · -Elena. -¿Esa amiga tuya tan hermosa? -La misma: es tan bella~ porque es muy buena. - ¡Que Dios la bendiga y aumente su fortuna! -Así sea, hijita. Ruega al Cielo que la haga tan dichosa como es bella y buena. · .................... o ••••••••• ·--· •• -¿Has gozado mucho en la opera, Carolina'? - Con: toda .el alma, Teodora. Y, además, dice mi profesor de música, que una audición así, equi– vale a muchas lecciones. Todo.te lo debo a tí; a tí, que me regalaste las localidades. ¡Cuánto te quiero! · No seais jamás ingratas, vosotras, hijas de mi alma. No querais asemejaros al secular enemigo del Género' humano, que en un rapto de maléfico orgullo se rebeló contra su Creador, pretendiendo ser igual a El. La persona ingrata no puede anidar en su pe– cho ningún sentimiento generoso. El amor filial, el fraternal cariño, el afecto conyugal, el aprecio por el amigo, le serán deHconocidos. Todas las muestras de consideración que recibe, todos los favores que se le hacen, los acepta como . homenajes que le son de– bidos. Esto, cuando no son causa, como he dicho más arriba, de que nazca eri su corazón mezquino, el ger- -198-
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