Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Psicología de la mujer men del odio hacia aquel que lo ha favorecido. Son los ingratos víboras humanas, que, como aquella de la fabula, muerden el seno que les prestó abrigo. Ver• dad es que, siendo todos pasajeros embarcados en el mismo bajel para hacer juntos el viaje de la exis– tenc_ia, nos debemos mutuamente consuelos y ayuda en ]as peripecias y angustias de la travesía; pero aquellos que por más fuertes o más compaHivos prestan a11xilio a los otros, tal vez si hasta con olvi– do de sus propios males, tienen perfecto derecho a su " gratitud. Para disfrazar la codicia, la envidia y la ingra– titud con nombre menos antipático, ha inventado el bombre la palabra socialismo. No es codicia lo que .:,en timos por los bienes agenos, -dice el que pre– coniza tal doctrina,- es que queremos ejercitar nues– tro derecho a ellos. No los envidiamos, porque no podernos · envidiar lo que de derecho nos pertenece; no somos ingratos, porque ¿qué gratitud puede exi– girse a los despojados? Mientras haya ricos y po– bres, debe considerarse a todo rico como el inicuo detentador de las riquezas que por igual debemos po~eer todos ..... . Doctrina disociadora, infame doctrina inven– tada, también, por el gran ingrato, por el gran envidioso de Dios y de los hombres.

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