Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Psicología de la .mujer estos trajes, mamá! Pero se les heló la risa en los la– bios, cuando la vieron fruncir el ceño y escucharon que les decía: -¡.Jesús, .Jesús! ¡qué tela tan horrible! ¿de dónde habéis sacado eso? ¡si me parecéis unos payasos, ves– tidas asi! .... Con estas malévolas frases, no sólo se libraba de la obligación, pesadísima para ella, de agradecer, sino que marchitaba de un golpe despiadado la flor del reconocimiento, apenas brotada en el corazón de sus inocentes hijas. - Vive en mi vecindad otra mujer, madre de tres niños, a los que por falta de ropa no podía enviar a la escuela. Una señora tan rica como piadosa, se ha enterado del caso, y ha p'roporcionado a los chicos, las prendas necesarias para asistir a las clases; pero ¿creeis que está contenta la beneficiada? Nó; lejos de bendecir al Cielo y a su protectora, la oiréis, murmu– rar-con amargura: - ¿Qué gracia tiene que. regale lo que a ella le sobra? Y hace pocos días ví algo má~ triste, algo que me conmovió profundamente; algo que pronunciado · por labios juveniles, se me antojó monstruoso ver– daderamente y cuyo recuerdo es lo que me ha deci– dido a escribir el presente artículo. Irene es una muchacha de diez y seis abriles. Invitada a una fiesta qu~ la seducía, se veía privada de asistir a ella, por falta de indumentaria. Com– prendiólo así su prima Sara, y le obsequió uno de , los varios vestidos que acababan de llegarle de Eu– ropa, formando parte de su rico ajuar de novia. -Me imagino tu alegría-dije a Irene, cuando lo supe, sinceramente alegre yo también. · - ¡Sí!- me contestó, suspirando-¡pero quién co– mo Sara, ·que tiene tántos vestidos y puede escojer el que más le siente para· ir al baile! Y comparando el que acababa de serle obse– quiado y que momentos antes no Roñó _poseer, con los de su generosa prima~se consideraba infeliz y se creia defraudada por el Destino! ¡Ah! ¡Qué bien - 197-

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