Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

VI LA ENVIDIA Yá me parece que os oigo protestar, hijas mías, no bien habéis leído el epígrafe de este artículo, arguyendo, - ·y en verdad con sobra de razón, - que el vergonzoso pecado de la envidia, no es ex– clusivamente de nuestro sexo. Ciertamente que hay, tal vez, más hombres envidiosos que mujeres; ciertamente que ellos, cuan– do se sienten dominados por tan baja pasión, lle– gan, con más frecuencia qu,e ellas, a cometer las acciones más repro_bables, y hasta los más horri· bles crímenes: pero no porque tal vicio se exterio– rice - digámo.slo así, - menos e·n la mujer que en el hombre, deja de existir y de hacer estragos en el alma de aquella. Y en cuanto a los delitos que inspira, el hombre suele proceder . brutalmente, y según la estera social á que pertenece, roba, asesi– na, difama al envirliado, seduce a su mujer y come– te en fin, actos criminales más o menos violentos para satisfacer los instintos innobles que le poseen. La mujer procede de otra mane1:a, por lo general. No usa revólver, ni puñal; no roba,-al menos usando de la violencia- los bienes de la mujer a quien_envidia, -175-

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