Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

L. Larriva de Llona 11 "El lujo es el cáncer asqueroso que va devoran– do el corazón de las nacione5 más poderosas; es el virus ponzoñoso que contagja las familias y las per– vierte'', dice un sabio moralista. Por desgracia, hijas de mi alma, es éste un mal que está hondamentQ arraigado en nuestro medio so– dal; tan hondamente arraigado, que es muy difícil su extirpación. El _menos observador puede advertir el fenó:ne– no de que uo liay ·graduación en nuestra sociedad. Todos pretenden ocupar el más alto peldaño de la escala, especialmente las personas pertenecientes al sexo femenino. La esposa del modesto empleado, la hija del preceptor pobremente rentado y aun la es– posa o la hija del humilde artestlno, pretenden ves– tirse como las del banquero Fúlano o las del mine– ro Zutano, e ir a veranear al balneario más a la moda. En ninguna parte como ent-re nosotros se obsei;– va tal anomalía. . En Francia, p,n los fastuosos tiempos del segun– do Imperio, en los grandes bailes de las Tullerías, presididos por la emperatriz Eugenia, era curioso el contraste formado por los vestidos de las damas. Al lado de una princesa rusa, por ejemplo, que lucía una ingente fortuna en diamantes, con los que es– taba cubierta de la cabeza a los pies, produciendo una especie de deslumbramiento en los que en ella fijaban las miradas; se veía a la e~posa de un em– pleado subalterno, que tenía, sin embargo, el dere– cho de asistir a esa fiesta oficial, y que lo hacía con un simple vestido de muselina, sin más tocado que unas sencillas flores; y ambas se divertían igual– mente, tal vez más la segunda que la primera. C on frecuencia oigo lamentarse .a las señoras y niñ.as de la poca sociabilictad que se nota al pre– sen te, y hay quien pretendiendo reme<har este mal - que lo es en realidad, -quiere organizar mati– nées o soirées por turno, en algunas casas, siendo corriente oir decir: -Es preciso exigir mucha sen– cillez en los vestidos para que no se establezca -160- I

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx