Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
IV EL AMOR AL LUJO Un monstruo que todo lo devora, es la pas10n inmoderada del lujo que a• un gran número de muje– res ·esclaviza. Todo lo devora, sí: la fortuna, la paz d,el hogar y el honor de la familia, la inocencia, la castidad, la inteligencia y el corazón. Es una especie de _pulpo horrible, de cuyos ten– táculos le es imposible desprenderse a la; desgracia– da que en hora infausta se dejó aprisionar por ellos. Y lo primero que por su aciago influjo se pierde, es la rectitud de la conciencia, el honrado sentido mo– ral, merced al cual únicámente podemos morigerar nuestros sehtimientos y nuestras acciones. La vanidad, la frivolidad, la coquetería, inspi– ran el deseo del lujo, que, no moderándolo en su prinoipio, llega a ser una desenfrenada pasión. Y si vituperable es ella en las personas ricas, que po– drían emplear sus riquezas en aliviar la miseria .de sus semejantes, en vez de excitar su codicia 'Y su en- •vidia. exhibiendo c<1stosas galas, ¿qué calificativo merecerán las que careciendo de medios de fortuna, se empef1an en lucir como las ricas y en competir con ellas en vestidos, joyas, muebles y carruajes y en paseos y diversiones de toda especie, por costo– sos que ellos sean? ¿A cambio de qué sacrifi-cios sos– tendrán ésa facticia situación? -159- "
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