Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

,, L. Larriva de Llana médico, - un sabio y generoso facultativo de cuya propia boca he oido este relato, - temía fundada– mente que sobreviniera el tercero, que, según todas las probabilidades había de ser fatal. ¿Quién será capaz de imaginarse la 1u cha, - porque lucha hubo, quiero creerlo,- que se libró en– tre el Bieh y el Mal, en esas entrañas de _madre en que las pasiones jamás contenidas habían hecho fá– cil presa? ¡Ah! el demonio de la vanidad venció en el espíritu frívolo y vacío. El deslumbrante vestido de seda bordado de al– jófar, extehdido sobre el lecho; las regias· joyas que desde sus abiertos estuches de terciopelo, lan- ' zaban vívidos destellos, yendo a herir los ojos de su dueño con su fuego tentador; las artísticas flores, fiel remedo del natural, que con sus armoniosos co– lores decían en mudo, pero elocuente lenguaje a la señora X, cuán bien iarían resaltar el brillo de su negro cabello y de sus ojos soñadores; todo ese con– junto seductor e irresistible, hablaba al alma de la mujer engreída y superficial con tal fuer.za de argu– mentación, que al dar las nueve de la noche es·taba vencida la batalla, y t'l angel bueno de la señora X. se cubría el rostro con las alas para ocultar la ver– güenza de la derrota. A las diez llegó el médico. -¡Señora! ¿Va Qd. a salir? preguntó estupefac– to, al mirarla con el rico vestido escotado, cubierta de pedrerías, y abrochándose los guantes. · -Tengo que asistir al baile que da el Presidente al Cuerpo Diplomático, contestó ella, bajando a su pesar los ojos. - No he podido excusarme ...... Ya ve Ud .... -Pues yo me quedare...... · Y el digno facultativo se instaló a la cabecera del lecho de la infeliz niña 9-ue dormía su úlLimo sueño , terrenal .... Y momentos despuéi;;, mientras aquella que le dió el sér, abría el baile con el Supremo Man– datario de la Nación, la inocente criatura exhalaba el último suspiro entre los brazos del ancia,no y com– pasivo doctor ..... -150- I • /

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